Los gobiernos de Estados Unidos e Irán hicieron circular versiones de un acuerdo preliminar para la liberación del estrecho de Ormuz, así como un nuevo período de negociaciones que se abriría para tratar otros asuntos pendientes.
En la agenda de temas que no pueden ser resueltos en el corto plazo figura el futuro del plan nuclear iraní, que Washington descarta de plano mientras Teherán aduce que tiene derecho a mantenerlo con fines pacíficos. Sin embargo, algunas de las sanciones que pesan sobre las exportaciones del país persa podrían levantarse en este período según los acuerdos preliminares, que todavía deben ser ratificados por el presidente Donald Trump.
Estados Unidos e Irán circulan versiones de un acuerdo por la liberación del estrecho de Ormuz y un nuevo período de negociaciones para tratar otros asuntos pendientes
La agencia Reuters circuló en las últimas horas del jueves 28 la versión ratificada por cuatro fuentes con acceso a las negociaciones de que un acuerdo preliminar ya estaba a la espera de la aprobación del presidente norteamericano.
En los últimos días, las negociaciones se tiñeron de incertidumbre por la reanudación de los bombardeos norteamericanos sobre infraestructura militar iraní, lo que fue calificado por las FF.AA. de Estados Unidos como ataques “defensivos” ante fuerzas navales que pretendían minar el estrecho de Ormuz, que con la guerra pasó de ser una vía de libre navegación a un embudo estratégico controlado por Irán.
Ahora, la reanudación del comercio a través de este paso se volvió una prioridad para la administración norteamericana, ya que la disrupción energética global causada por la detención de los buques cisterna perjudica tanto a los países del golfo Pérsico, vinculados estrechamente a Estados Unidos, como a sus socios en Asia que reciben petróleo mayormente por esta ruta. El quiebre en el comercio global también perjudicó a otras commodities que son transportados en gran volumen por el estrecho de Ormuz, como los fertilizantes.
La importancia de la libre circulación en esta parte del mundo se hizo patente el pasado miércoles 27, cuando Trump fue consultado por la prensa acerca de un posible acuerdo entre Irán y Omán -los dos países que se reparten sus costas- para controlar el tránsito marítimo. “El estrecho va a estar abierto para todos”, respondió el mandatario, quien respecto al control señaló: “Nosotros vamos a observar, pero nadie va a controlarlo”. Entonces lanzó una amenaza inédita contra el gobierno de Mascate, que lleva décadas con una posición neutral y de mediador regional: “Omán va a comportarse como todos, o de otra manera vamos a tener que volarlos. Ellos entienden eso, van a estar bien”.
Por eso el acuerdo inicial con Irán se centraría en la liberación del estrecho, mientras otros temas espinosos reciben una ventana de 60 días de negociaciones. En esta agenda procrastinada caería el futuro del plan nuclear de Irán y la amenaza de que desarrolle un arma de destrucción masiva, que fue esgrimido por Trump como uno de los motivos para iniciar la guerra. Hay que recordar que el presidente republicano deshizo en su primer mandato el JCPOA, acuerdo alcanzado en 2015 por la administración Obama, el Consejo de Seguridad de la ONU y la Unión Europea con el régimen teocrático tras años de negociaciones para asegurar, a través de inspecciones regulares, que el plan nuclear iraní se utilizara solo con fines pacíficos. Ahora, luego de dos campañas de bombardeos en un período de menos de un año que dejaron miles de muertos, el presidente republicano todavía no puede ofrecer una alternativa durable a dicha política abandonada.
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