El Mundial de Fútbol 2026 tendrá entre sus participantes a República Democrática del Congo, una selección que buscará dar una alegría a una sociedad exhausta por la guerra civil y un brote de ébola incontenible, circunstancias que empañan inevitablemente el fervor popular por el regreso del viejo Zaire a la Copa del Mundo.
Un reciente informe de Amnistía Internacional describió de manera explícita los peligros que enfrenta la población congoleña en distintas partes del país, rico en recursos naturales. En la región oriental, específicamente en las provincias de Kivu norte, Kivu sur e Ituri, se habla de las incursiones de las denominadas Fuerzas Democráticas Aliadas (ADF), vinculadas al Estado Islámico, a las que se acusa de “ataques violentos contra civiles, secuestros y trabajos forzados, reclutamiento y uso de menores, y abusos y crímenes adicionales contra mujeres y niñas como matrimonios forzados, embarazos forzados y otras formas de violencia sexual”. Las implicancias también aplican al grupo armado Movimiento 23 de Marzo (M23), apoyado por Ruanda.
Pero a este devastador conflicto intensificado en diciembre de 2024 se superpone con una crisis sanitaria a partir de un brote de ébola que amenaza con extenderse a las zonas en conflicto. Al menos 131 personas ya murieron por la proliferación de esta fiebre hemorrágica en la RDC, y sus efectos se potencian por la falta de insumos sanitarios y los desplazamientos forzados a los que se ven sometidos largos segmentos de la población.
Mundial de Futbol 2026 – Radiografía de RD Congo: minerales, guerra en Kivu y un brote de ébola incontenible en el regreso del viejo Zaire al Mundial
El seleccionado congoleño, dirigido por el francés Sebastián Desabre, debió abstraerse del panorama desolador de su país para derrotar 1-0 a Jamaica en el repechaje del 31 de marzo, lo que le dio la clasificación al Mundial después de 52 años. La fiesta generada por la victoria determinó que el gobierno fijara la jornada siguiente como día no laborable, lo que da una idea de la magnitud de los festejos de la población de más de 90 millones de personas.
Pero ninguna fiesta puede tapar la crisis en múltiples frentes que atraviesa a la República Democrática del Congo, una nación que en los papeles tiene grandes oportunidades por su estratégica ubicación en el corazón de África y los abundantes recursos naturales dentro de sus fronteras. Entre ellos se detallan minerales como el oro, los diamantes, el cobre, el cobalto y el estaño, así como la segunda selva tropical más grande del mundo y la existencia comprobada de reservas de petróleo.
Sin embargo, dichas riquezas también han generado una importante injerencia extranjera para hacerse del derecho sobre los mismos, y también fomentó la creación de grupos armados que buscan asegurar estos depósitos para sí. En la provincia de Kivu Norte, esta situación ya degeneró en la existencia de un gobierno paralelo, no reconocido desde la capital Kinshasa, integrado por miembros del M23. La confirmación a mediados de este mes de mayo del primer paciente de ébola en la capital provincial, Goma, dominada por los rebeldes, abre una nueva dimensión crítica a un conflicto que ya generó el desplazamiento de más de 2.650.000 personas, según Médicos sin Fronteras.
En paralelo a este conflicto, la selección de la República Democrática del Congo jugará en el grupo K contra Uzbekistán, Colombia y Portugal. Que la exposición internacional en el torneo sirva para mostrar a todo el mundo las múltiples crisis que atraviesa la nación africana, es una esperanza que acaso llegue tarde para la población afectada.
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