La tensión entre Cuba y Estados Unidos volvió a escalar luego de que un reporte de inteligencia informó que La Habana habría adquirido al menos 300 drones militares rusos. Según funcionarios estadounidenses, parte de estos sistemas corresponden a modelos similares al Geran ruso, basado en los drones iraníes Shahed, utilizados durante la guerra en Ucrania. De este modo, las evaluaciones de inteligencia afirman además que estructuras militares cubanas analizaron escenarios de uso de drones contra la base naval de Guantánamo, embarcaciones estadounidenses y zonas cercanas a Florida.
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En este contexto, algunos funcionarios en Washington consideran sensible la cercanía geográfica de Cuba respecto del territorio continental estadounidense. En este sentido, el reporte sostiene que parte del equipamiento militar habría sido distribuido en distintos puntos estratégicos de la isla y que La Habana intentó ampliar recientemente sus compras de drones y tecnología militar mediante contactos con Rusia e Irán.
Paralelamente, estos acontecimientos coincidieron con una visita a La Habana del director de la CIA, John Ratcliffe, quien transmitió advertencias al gobierno cubano respecto al uso de la isla como plataforma para actores considerados adversarios de Washington. En consonancia, el secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, señaló ante el Congreso que Estados Unidos mantiene su preocupación por la actividad de potencias rivales tan cerca de su territorio. Si bien funcionarios norteamericanos aclararon que Cuba no posee capacidades militares convencionales comparables a las de la Guerra Fría, consideran que el desarrollo de sistemas no tripulados modifica el escenario estratégico regional.
La Habana rechaza las acusaciones y reivindica el derecho a la autodefensa
Por su parte, el gobierno cubano rechazó las acusaciones y denunció que Washington intenta justificar nuevas medidas de presión sobre la isla. El viceministro de Relaciones Exteriores, Carlos Fernández de Cossío, afirmó que Estados Unidos busca “fabricar pretextos” para sostener una política agresiva contra Cuba. Sin embargo, La Habana evitó negar la posesión de drones militares y defendió su derecho a la autodefensa bajo los principios de la Carta de Naciones Unidas.
Finalmente, esta situación pone en relieve un cambio en las capacidades militares de la región. A su vez, los conflictos en Ucrania y Medio Oriente consolidaron el uso de drones de bajo costo y largo alcance como herramientas de disuasión y ataque asimétrico. Analistas estadounidenses consideran que el interés cubano por tecnologías iraníes y rusas podría responder a la búsqueda de sistemas defensivos relativamente económicos frente al deterioro de las relaciones con Washington y al endurecimiento de las sanciones económicas impulsadas por la administración de Donald Trump.
