Mientras Trump visita a Xi, un análisis señala que Estados Unidos tendría problemas para enfrentar a China en una guerra tras el conflicto en Medio Oriente

Los aviones de ataque A-10 Thunderbolt II de la Fuerza Aérea de Estados Unidos se han utilizado para atacar buques de la armada iraní durante la Operación Furia Épica. Créditos: U.S. Central Command.

Mientras Trump visita a Xi, un análisis señala que Estados Unidos tendría problemas para enfrentar a China en una guerra tras el conflicto en Medio Oriente / Créditos: U.S. Central Command.

La visita de Donald Trump a Xi Jinping escenifica una rivalidad creciente entre Estados Unidos y China, donde la potencia norteamericana podría tener dificultades para contrarrestar militarmente a su contraparte asiática en Taiwán tras la intensa campaña en Medio Oriente, según el análisis de un think tank estadounidense abocado a la defensa.

Donald Trump y Xi Jinping se reúnen, representando la diplomacia mientras Estados Unidos y China evalúan sus opciones militares / Créditos: Mark Schiefelbein

El último trabajo del Centro para Estudios Internacionales y Estratégicos (CSIS por sus siglas en inglés) busca responder una pregunta simple: “¿Estados Unidos está preparado para una guerra con China?”. Aunque las respuestas a este tipo de cuestiones solo pueden saberse en la práctica, el análisis pormenorizado de distintos indicadores señala un déficit en las capacidades norteamericanas que precede a la guerra contra Irán, pero se profundizó a partir de la misma.

Mientras Trump visita a Xi, un análisis señala que Estados Unidos tendría problemas para enfrentar a China en una guerra tras el conflicto en Medio Oriente

El análisis firmado por Seth Jones, presidente del departamento de Defensa del CSIS, busca analizar distintas cuestiones en simultáneo: por un lado, las situaciones estructurales a atender en un potencial enfrentamiento con China, pero también el déficit coyuntural que podrían enfrentar los arsenales norteamericanos luego de una intensa campaña de bombardeos en Irán.

En este sentido, Jones señala que “los arsenales de municiones de largo alcance estaban mal antes de la guerra”: “Durante el conflicto con Irán, el ejército de Estados Unidos vació significativamente su stock de misiles de largo alcance, como los Tomahawks y los JASSMs, creando un riesgo significativo en caso de un conflicto con China u otras contingencias”. La situación no es muy diferente en cuanto a defensas aéreas, con Estados Unidos gastando gran cantidad de este tipo de municiones para proteger sus activos de ataques iraníes.

El uso intensivo de municiones de largo alcance como misiles Tomahawk en la guerra con Irán podría haber comprometido los arsenales norteamericanos para enfrentar a China / Créditos: Zona Militar

El problema, señala Jones, es que “la base industrial de China trabaja a un ritmo de guerra, y el Ejército de Liberación Popular construye sistemas de armamentos en masa y a escala en todos los terrenos de combate: tierra, aire, mar, espacio, ciber y nuclear”. El complejo armamentístico nortaemricano, señala, “está lejos de estar listo, aunque ha habido progreso durante el último año”.

Estas dificultades técnicas inmediatas adquieren relieve si se confrontan con la situación en Taiwán, donde China busca llevar adelante su reclamo de reunificación nacional a través de varios canales, que incluyen la presión militar. Sobre todo si se tiene en cuenta que el enfoque actual para generar disuasión sobre Pekín, denominado Hellscape por los oficiales norteamericanos, incluye el uso de gran cantidad de municiones y vehículos no tripulados que impidan el cruce del estrecho de Taiwán por parte de China. Para avanzar en este sentido, Jones señala que Washington y Taipéi deben “construir cientos de miles de pequeñas, descartables plataformas para adquirir una ‘masa precisa’, el uso de una gran cantidad de municiones ofensivas y defensivas de precisión”.

Actualmente, el CSIS señala que, en base a múltiples juegos de guerra conducidos desde el organismo alrededor de la situación de la isla, “Estados Unidos gastó su inventario de algunas armas de largo alcance dentro de la primera semana de conflicto. Taiwán también usó su inventario completo de misiles antibuque en una semana”. Pero, además, el trabajo toma la lección aprendida de Irán y concluye que, en caso de ataques masivos de China a instalaciones militares de EE.UU. en el Pacífico, “infraestructura en Japón, las Filipinas, Guam y otras locaciones son altamente vulnerables a misiles chinos y ataques de drones”.

Taiwán se autogobierna democráticamente pero China lo reclama como parte de su territorio / Créditos: Ministry of National Defense, ROC (Taiwan)

Aunque el camino industrial por delante para que Estados Unidos pueda igualar el ritmo de producción chino es largo, Jones señala que algunas ventajas estratégicas como los desarrollos en IA pueden generar disuasión hoy. Aunque no es mencionado directamente en este trabajo, así lo ilustra la preocupación del gobierno chino por Mythos, el último programa de la empresa norteamericana Anthropic, que Estados Unidos considera un activo de seguridad nacional por su capacidad para detectar fallas de software, y China considera una amenaza por la misma razón.  

De esta manera, el escenario de una guerra en el Indo-Pacífico aparece como complejo para ambas partes por motivos distintos, lo cual da una esperanza de que la disuasión sea tan fuerte que al final del día se imponga la diplomacia, como en la visita de Donald Trump a Xi Jinping.

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