Durante décadas, Estados Unidos ocupó para muchos sectores de la sociedad china un lugar de referencia económica, tecnológica y académica a nivel global. Sin embargo, en los últimos años comenzó a expandirse dentro de China una percepción diferente: la idea de que Washington está atravesando un proceso de deterioro político e institucional que debilita progresivamente su posición internacional.
En este contexto, la visita de Trump a China sigue reflejando el cambio en la narrativa impulsado por el gobierno de Xi Jinping. Con anterioridad, cuando ambos mandatarios se reunieron en Beijing en 2017, la dirigencia china buscaba proyectar una imagen centrada en la historia y la continuidad cultural del país. Actualmente, el discurso oficial chino pone el foco en la capacidad tecnológica e industrial de China y en su intención de competirle a Estados Unidos en sectores estratégicos como inteligencia artificial, vehículos eléctricos, automatización y drones.
El impacto interno de la crisis política estadounidense en la percepción china
De este modo, distintos estratos de la sociedad china comenzaron a interpretar que las propias políticas impulsadas por Trump terminaron fortaleciendo indirectamente a Beijing. En este sentido, Think tanks y algunos académicos sostienen que la polarización política estadounidense, las disputas internas, las tensiones con sus aliados occidentales y las guerras comerciales contribuyeron a erosionar la imagen de Estados Unidos mientras que aceleraron la búsqueda china de autosuficiencia tecnológica e industrial.
Paralelamente, la narrativa sobre el “declive estadounidense” ya no se limita a espacios nacionalistas marginales sino que comenzó a tener mayor presencia dentro del discurso público chino. De esta manera, durante los últimos años aumentó la utilización de conceptos vinculados al deterioro político e institucional de Estados Unidos en medios oficiales y publicaciones del Partido Comunista Chino.
En concreto, las imágenes del asalto al Capitolio, la polarización política interna, la violencia y los conflictos sociales estadounidenses circularon en redes sociales y medios chinos como ejemplos de su fragilidad institucional. Incluso sectores vinculados a la educación internacional comenzaron a registrar una disminución del interés por las universidades estadounidenses.
Al mismo tiempo, parte de la dirigencia china considera que el estilo político de Trump abre oportunidades de negociación para Beijing. Algunos analistas cercanos al oficialismo sostienen que la administración estadounidense prioriza los resultados económicos y políticos inmediatos, lo que facilita la celebración de acuerdos comerciales puntuales o entendimientos estratégicos entre ambas potencias.
Los límites de la competencia entre ambas potencias
Sin embargo, la percepción de un Estados Unidos debilitado no implica que China considere que se agotó la capacidad de poder norteamericana. Beijing sigue estimando a Washington como la principal potencia militar y financiera global, capaz de condicionar el escenario internacional mediante sanciones, alianzas estratégicas y presencia militar en distintas regiones del mundo.
En consecuencia, la visión china sobre Estados Unidos combina confianza estratégica con la cautela geopolítica. Mientras parte del establishment considera que el escenario internacional refleja un progresivo “ascenso de Oriente”, también persiste la preocupación sobre los riesgos que podría generar un Estados Unidos más imprevisible e inestable dentro del sistema internacional.
Te puede interesar: Qué temas tratarán Donald Trump y Xi Jinping en la cumbre China-Estados Unidos.
