Esta semana, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se reunirá con su par chino Xi Jinping el 14 y 15 de mayo en Pekín. El encuentro acaparará la atención de todo el mundo, ya que es la primera vez en casi diez años que un mandatario norteamericano viaja al Gigante Asiático. Sin embargo, pese a las altas expectativas, es poco probable que las potencias alcancen un acuerdo comercial de gran relevancia. Pero, teniendo en cuenta que la cumbre se iba a realizar en marzo, pero debió ser pospuesta por el inicio de la guerra en Irán, la sola presencia de Trump en Pekín es una pequeña victoria, ya que se supone que será la primera de cuatro reuniones que ambos mandatarios celebrarán este año.

Actualmente, tras una breve guerra comercial a principios del año pasado, Washington y Pekín se encuentran en una tregua en la que ambos redujeron los aranceles, China reanudó los envíos de tierras raras y Estados Unidos se abstuvo de imponer más controles de exportación a China. Pero ahora, pese a que en algún momento se especuló con algún tipo de acuerdo para grandes inversiones chinas en Estados Unidos, la realidad es que hay demasiada sospecha mutua como para justificar el compromiso de varias décadas que requerirían tales proyectos.
La Junta de Comercio
En este sentido, todos los ojos estarán puestos en la supuesta creación de una Junta de Comercio. Cabe recordar que el superávit de China con Estados Unidos ha caído de un máximo de más de US$ 400.000 millones en 2018 a US$ 200.000 millones el año pasado, lo que para los partidarios de Trump es prueba de que sus tácticas están funcionando (en realidad, muchas exportaciones chinas pasan por terceros países). Por lo tanto, algunos en la administración Trump piensan que la junta dirigirá el superávit hacia cero. Los responsables comerciales, en esta visión, decidirán qué bienes no sensibles pueden pasar entre ambos países e impondrán aranceles al resto.
Sin embargo, la Junta de Comercio es un concepto débil. El desequilibrio comercial de China con Estados Unidos surge porque Pekín produce muchas más cosas que Estados Unidos quiere que al revés. Por ello, He Lifeng, viceprimer ministro de China, ha expresado su preocupación de que demasiados sectores sean declarados sensibles, lo que sugiere que incluso el té chino podría considerarse un riesgo para la seguridad norteamericana.
Por otro lado, el apetito de China por los productos estadounidenses se reduce a tres ítems en particular: carne, alubias (de la variedad de soja) y aviones Boeings. Y, aunque la cumbre de Pekín podría incluir grandes pedidos para todos ellos, eso no será suficiente para equilibrar el comercio bilateral.

La cuestión de los aranceles
Estados Unidos y China alcanzaron un acuerdo de un año que fijaba aranceles estadounidenses sobre productos chinos en torno al 47% y aranceles chinos sobre productos estadounidenses en torno al 30%.
Sin embargo, una decisión del Tribunal Supremo de Estados Unidos anuló la mayoría de los aranceles globales de Trump, por lo que ahora la administración intenta reconstruir sus aranceles por otros medios. En particular, los responsables comerciales estadounidenses están llevando a cabo dos investigaciones que, aunque abarcan muchos países, están implícitamente centradas en China: una amenaza con aranceles a países con sobrecapacidad industrial, mientras que la otra amenaza con aranceles a quienes utilizan trabajo forzado.
Si estas investigaciones resultan, una vez más, en aranceles mucho más altos a China, bien podría reiniciar la escalada entre ambas potencias. Por lo tanto, otro resultado positivo de la cumbre en Pekín sería el compromiso de mantener estables los aranceles. Pero, ¿puede realmente durar la tregua? Muchos en ambos bandos piensan que sí simplemente porque la alternativa —el conflicto económico total— resulta muy poco atractiva.
Pero el problema es que la tregua no se basa en la amistad, sino en el miedo. Por ello, ambas partes están trabajando para reducir la influencia de la otra: China está intentando desarrollar semiconductores avanzados y diversificar sus exportaciones para poder prosperar sin el mercado estadounidense, mientras que Estados Unidos está intentando romper el fuerte control de China sobre las tierras raras.
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