Irán dañó al menos 228 estructuras y equipos militares de EE.UU. en Medio Oriente, según imágenes satelitales

De izquierda a derecha desde arriba: Actividad de Apoyo Naval Bahréin, Base Aérea Isa, Base Aérea Riffa, Aeropuerto Internacional de Erbil, Base Aérea Harir, Base Aérea Ali al-Salem, Campamento Arifjan, Campamento Buehring, Puerto de Shuaiba, Base Aérea al-Udeid, Base Aérea Príncipe Sultán, Base Aérea al-Dhafra. (Medios afiliados al estado de Irán). Crédito: The Washington Post

De izquierda a derecha desde arriba: Actividad de Apoyo Naval Bahréin, Base Aérea Isa, Base Aérea Riffa, Aeropuerto Internacional de Erbil, Base Aérea Harir, Base Aérea Ali al-Salem, Campamento Arifjan, Campamento Buehring, Puerto de Shuaiba, Base Aérea al-Udeid, Base Aérea Príncipe Sultán, Base Aérea al-Dhafra. (Medios afiliados al estado de Irán). Crédito: The Washington Post

Los ataques iraníes contra instalaciones militares de Estados Unidos en Medio Oriente habrían causado un nivel de daño mucho mayor al reconocido públicamente por Washington. Un análisis de imágenes satelitales realizado identificó al menos 228 estructuras o piezas de equipamiento militar dañadas o destruidas en bases utilizadas por las fuerzas estadounidenses desde el inicio de la guerra con Irán, el 28 de febrero de 2026.

El régimen iraní demanda no ceder su programa nuclear y se muestra abierto a continuar el conflicto / Créditos: Morteza Nikoubazl-NurPhoto)

Según la investigación de The Washington Post, los ataques alcanzaron hangares, barracas, depósitos de combustible, aeronaves, equipos de radar, comunicaciones satelitales y sistemas de defensa aérea en al menos 15 sitios militares de la región. El relevamiento señala que la magnitud de los daños es superior a lo informado por el Gobierno estadounidense y a lo reportado previamente por otros medios.

El informe también indica que las amenazas de ataques aéreos obligaron a reducir la presencia de personal en algunas bases, consideradas demasiado peligrosas para operar con dotaciones normales. Desde el inicio de la guerra, al menos siete militares estadounidenses murieron en ataques contra instalaciones de EE.UU. en la región —seis en Kuwait y uno en Arabia Saudita—, mientras que más de 400 efectivos resultaron heridos hasta fines de abril, de acuerdo con datos citados en la investigación.

Entre los sitios afectados aparecen instalaciones en Kuwait, Bahréin, Qatar, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Jordania e Irak. Más de la mitad de los daños revisados por el medio se concentraron en el cuartel general de la Quinta Flota de EE.UU. en Bahréin y en tres bases ubicadas en Kuwait: Base Aérea Ali Al Salem, Camp Arifjan y Camp Buehring. Camp Arifjan funciona como sede regional del Ejército de EE.UU. en la zona.

Daños en el Campamento Arifjan en Kuwait visibles el 4 de marzo. (Planet) Crédito: The Washington Post

El daño reportado incluye impactos contra equipos de defensa aérea Patriot en bases de Bahréin y Kuwait, radares y componentes del sistema THAAD en Jordania y Emiratos Árabes Unidos, sitios de comunicaciones satelitales en la Base Aérea Al Udeid en Qatar, instalaciones de combustible en distintas bases y una aeronave de mando y control E-3 Sentry junto con un avión cisterna en la Base Aérea Príncipe Sultán, en Arabia Saudita.

La lectura operativa es incómoda para el Pentágono. Expertos citados en la investigación sostienen que los ataques iraníes mostraron un nivel de precisión superior al esperado y una capacidad de targeting previamente acumulada sobre infraestructura fija de EE.UU. en la región. El problema no sería únicamente la cantidad de misiles o drones utilizados por Irán, sino la capacidad de combinar inteligencia, reconocimiento previo y ataques contra blancos estáticos.

El caso vuelve a poner en discusión la vulnerabilidad de las bases militares estadounidenses en Medio Oriente. Durante décadas, Washington sostuvo su presencia regional sobre una red de instalaciones fijas, bases aéreas, centros logísticos, depósitos, radares y mandos avanzados. La guerra con Irán muestra que esa arquitectura puede quedar expuesta frente a un adversario capaz de emplear drones de ataque, misiles balísticos, inteligencia satelital y fuego de precisión.

El desgaste de las defensas aéreas también aparece como un factor crítico. Según un análisis del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, la guerra consumió cantidades significativas de interceptores THAAD y Patriot, dos sistemas esenciales para proteger bases y fuerzas estadounidenses frente a ataques con misiles y drones. El centro había advertido que la disponibilidad de interceptores era limitada incluso antes de esta fase de la guerra.

Esa dinámica expone una asimetría cada vez más importante en la guerra moderna: drones y misiles relativamente más baratos pueden obligar a gastar interceptores costosos y escasos. La experiencia de Ucrania ya había mostrado ese problema, pero la guerra con Irán lo trasladó directamente al dispositivo militar estadounidense en el Golfo Pérsico y Medio Oriente.

El Comando Central de EE.UU., responsable de las operaciones militares estadounidenses en Medio Oriente, evitó responder en detalle a las conclusiones del análisis. Un vocero militar rechazó caracterizar el daño como evidencia de fallas estructurales y sostuvo que las evaluaciones de destrucción pueden ser complejas o engañosas, aunque no ofreció precisiones públicas adicionales.

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