La filtración de un reclutamiento interno de las FF.AA. de Argentina para realizar una nueva misión en Haití, como fue reportado por Escenario Mundial, abre la posibilidad de que las tropas nacionales se desplieguen una vez más en la nación caribeña. Sin embargo, la situación en el tercio occidental de La Española es muy distinto a como era entonces, lo cual plantea diferencias con las circunstancias que podrían encontrar los efectivos.
El nuevo marco al que ingresarían las fuerzas argentinas dirigidas a la isla es la denominada Gang Supression Force (Fuerza de supresión de pandillas), la cual fue aprobada por el Consejo de Seguridad de la ONU en octubre del año pasado. Se trata de una iniciativa multilateral destinada a paliar la proliferación de este tipo de organizaciones delictivas, que según la ONU ya controlan cerca del 90% de la capital, Puerto Príncipe, y otras áreas del país, incluso los departamentos considerados previamente más seguros en el sudeste.
Como fueron los despliegues de las Fuerzas Armadas de Argentina en Haití y por qué esta vez es distinto mandar tropas
Es natural que la ONU mire hacia la Argentina al momento de buscar nuevos reclutas para la anunciada misión en Haití: las tropas nacionales tuvieron presencia en la isla desde 2004 a 2015 como parte de la fuerza de Cascos Azules destinada a pacificar la zona.
La denominada Misión de Estabilización de Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH por sus siglas en inglés) estuvo presente en distintos momentos críticos para la historia del país, como la sucesión de devastaciones naturales que inició con las inundaciones del año 2004, la sucesión de cuatro huracanes producidos en 2008 y el mortal terremoto del año 2010, acaso la peor catástrofe natural sufrida por este pueblo.
De esta manera, las misiones argentinas en Haití fueron tanto de paz como humanitarias. Pero la destrucción generada por estos eventos, sumada a un largo historial de tradición autoritaria y una pobreza rampante, fue un entorno propicio para el surgimiento de grupos armados, que buscaron ocupar el lugar vacante por un estado cada vez más pauperizado y tacleado por la violencia.
Por eso la crisis que convocó a las FF.AA. nacionales en su momento siguió profundizándose tras la partida. La ONU denuncia que el país enfrenta múltiples crisis simultáneas: “Necesidades humanitarias, causadas por la inseguridad y los desastres naturales como terremotos crecen, la economía está en caída libre, la pobreza y el subdesarrollo son crecientes y no ha habido un gobierno electo desde el asesinato del presidente Jovenel Moïse en 2021”.
Aquel caso sin dudas marcó un cambio para mal en la estabilidad del país. El magnicidio, llevado adelante en la casa del mandatario por un grupo de sicarios colombianos, no sólo dejó vacante el Poder Ejecutivo, sino que desacreditó a toda la clase política -su primer ministro, Claude Joseph, fue acusado formalmente del crimen- y posibilitó la expansión de los grupos criminales que hoy controlan buena parte de la vida en Haití.
El estado del país puede ilustrarse con el destino de la última misión de paz de la ONU, compuesta por tropas provenientes de Kenya y finalizada luego de poco más de dos años el pasado mes de abril. Cerca de 800 tropas del país africano fueron enviadas por el Consejo de Seguridad de la ONU para trabajar junto a las fuerzas de seguridad haitianas en su lucha contra las pandillas, pero el avance de las mismas testimonia que, por distintos motivos, no pudieron cumplir su misión.
Ahora, la ONU planea enviar un contingente de unos 5.500 efectivos -ya se confirmó la presencia de tropas de Chad, Sri Lanka y Bangladesh- a los que podría sumarse un componente argentino. Aunque de gran experiencia en la zona, el país con el que se encontrarían quienes desembarquen está en una situación peor que el que dejaron atrás en 2015.
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