El regreso del portaaviones USS Gerald R. Ford a Estados Unidos luego de más de diez meses en alta mar -que batieron un récord vigente desde la guerra de Vietnam- sirve también como ilustración de la política exterior de Donald Trump, que ha utilizado al buque insignia de la Armada norteamericana como un ariete de presión desde el Caribe hasta Medio Oriente.

Tal vez los marineros del Ford no sospechaban que fueran a batir un récord de permanencia en alta mar, con toda la tensión que eso conlleva para el personal acostumbrado a despliegues que en promedio no superan los nueve meses. Sin embargo, la decisión estratégica del presidente republicano extendió su servicio a través del océano Atlántico, incluso después de eventos inesperados como un incendio en la lavandería que inutilizó ese servicio y dejó sin cama a cerca de 600 marineros en marzo.
El regreso del Ford a la base naval de Norfolk, en Virginia, coincide a su vez con un importante cambio de autoridades en las fuerzas navales norteamericanas, como informó Escenario Mundial: la semana pasada, Trump se desprendió de John Phelan, secretario de la Armada y máxima autoridad civil dentro de la misma, en un movimiento que se produce a su vez mientras Estados Unidos impone un bloqueo naval sobre los puertos de Irán.
El portaaviones USS Ford regresa a Estados Unidos: cómo fueron los diez meses récord en alta mar que ilustran la política exterior de Trump
El viaje del USS Gerald R. Ford al Caribe en noviembre de 2025 mostró al mundo que Trump estaba dispuesto a presionar a la Venezuela de Nicolás Maduro hasta sus últimas consecuencias. El bloqueo sobre el país latinoamericano y sus aguas circundantes halló en este buque su punta de lanza, pero para entonces el arma ya se hallaba en movimiento desde junio de ese año, cuando fue enviado al Mediterráneo oriental desde su puerto base en Norfolk.

En el Caribe, el Ford sirvió como plataforma de lanzamiento y punto de regreso para las fuerzas especiales que capturaron al líder venezolano y su esposa, Cilia Flores, a mediados de enero para llevarlos a comparecer en un juicio en su contra en Nueva York. Las imágenes virales de Maduro con un casco de aviador, lentes oscuros y un pijama deportivo se tomaron desde este buque, cuyo uso fue indispensable para la misión Southern Spear, como fue denominada oficialmente.
Pero una vez que Maduro fue extraído y el gobierno de Delcy Rodríguez se mostró más proclive a colaborar con la administración norteamericana, el foco de Trump pasó del Caribe a Medio Oriente, donde las protestas civiles generalizadas contra la República Islámica daban la impresión de ser capaces de tumbar al régimen teocrático. Mientras Trump prometió ayudar a los manifestantes, también ordenó el despliegue de recursos navales en la zona, entre los que eligió al Ford y el portaaviones de clase Nimitz – parte de la categoría anterior en términos de diseño- USS Abraham Lincoln.
El portaaviones fue utilizado desde el principio de la guerra como plataforma para los bombarderos y aeronaves que se adentraron en el espacio aéreo iraní, antes de atravesar el canal de Suez y adentrarse en el mar Rojo a principios de marzo. Para entonces, los marinos llevaban ya más de ocho meses desplegados y reportes de diferentes complicaciones. Escenario Mundial contó como la tripulación elevó reclamos sobre el mal funcionamiento de las cañerías sanitarias, lo que generó largas filas y demoras para utilizar los baños.

Fue en ese momento cuando se desató un incendio en la lavandería del buque, un servicio esencial para mantener la higiene de un navío similar a un edificio flotante. El fuego en este compartimiento llevó alrededor de 30 horas en poder ser debidamente tratado, y además del funcionamiento de la lavandería, quedaron comprometidos por los daños los camastros de cerca de 600 marinos. Este hecho obligó a la embarcación a dar la vuelta y regresar al Mediterráneo para ser reparado, primero en la base naval de Souda Bay, en la isla griega de Creta, y luego en las costas de Croacia.
En ese estado se encontraba el Ford al recibir la orden de regresar a casa. En el intervalo, la Armada estadounidense reforzó su presencia en Medio Oriente con la llegada del USS George HW Bush, otro portaaviones de clase Nimitz que se une al Abraham Lincoln en el esfuerzo de bloquear los puertos iraníes, así como estar preparado en caso de que reinicien las hostilidades.
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