Tras la paralización inicial, el ascenso al poder de la vicepresidenta Delcy Rodríguez y la intervención de EE.UU., el organigrama oficial permanece casi intacto. El gobierno opera sin Maduro y algunos actores clave, con el respaldo del país interventor. No se ha convocado a elecciones ni se vislumbra una agenda de reformas concretas. Entretanto, la producción petrolera se reactivó con la participación directa de EE.UU. en la industria.

La madrugada del 3 de enero marcó uno de los hechos que definiría el 2026: Estados Unidos, con una operación especial, entró por la fuerza en Caracas y se llevó detenido a Nicolás Maduro, presidente de Venezuela hasta el momento.
Hay emociones y reacciones en todo el mundo. La vasta mayoría de venezolanos celebró, gobiernos afines a Donald Trump apoyaron la misión, mientras que otra importante parte del mundo se preguntaba dónde están ahora los límites para el derecho internacional.
Ahora bien, ¿qué significó para Venezuela? ¿Qué cambió dentro de la dinámica política del país y qué se puede esperar ahora?
Una Venezuela sin Maduro, ¿un país distinto?
Apenas un par de días después de la captura de Maduro, por sucesión orgánica en una estructura presidencial, Delcy Rodríguez tomó su lugar como vicepresidenta. Hoy, 100 días después, se afirmó en el cargo y no arroja señales de llamar a elecciones en el corto plazo.
La etapa de continuidad sin un líder claro no duró mucho, ya que ella tomó el gobierno casi sin cambios. En sus primeros días usó como herramienta de disuasión de presión la liberación de presos políticos: más de 600 en tres semanas de gobierno.
A pesar de que los organismos internacionales esperaban un nuevo gobierno o la gestión de un camino hacia un nuevo proceso eleccionario, siguieron y avalaron los pocos cambios dentro de Venezuela. Esta reforma del gabinete no modificó el status quo del aparato estatal.
Conforme Delcy Rodríguez se afirmó en el poder, el actor principal siguió afirmando sus raíces en el terreno. Estados Unidos desembarca de forma directa en los sectores estratégicos del país, influyendo de manera directa en las finanzas y, sobre todo, en la industria petrolera.

Así, la paulatina reactivación de la economía está mediada por Washington, junto a señales de movimiento exportador que no alcanzan aún a mostrar mejoras en términos económicos o productivos.
La apertura aérea y de vínculos internacionales se da, entonces, a partir del nuevo cauce que toma la relación de Venezuela y Estados Unidos. Mientras no se conocen noticias sobre un calendario electoral, la transición cuenta con la venia de EE.UU. y no da aún lugar a la oposición nacional. Esto, incluso luego de que Corina Machado le entregara, como agradecimiento, el Premio Nobel de la Paz a Donald Trump.
Delcy Rodríguez, líder del nuevo chavismo estadounidense
En síntesis, entonces, el gobierno que hoy comanda en Venezuela es casi una misma versión de la cúpula de Maduro. Solo presenta algunos cambios y, especialmente, el apoyo estadounidense.
Sin transición ni reconfiguración de poder. Y, con la entrada de nuevos actores en la escena de la toma de decisiones, Estados Unidos también arrastra la contradicción de ser ya un poder interno y no favorecer la gestión de un cambio real en Venezuela. ¿Cuál fue el fin de su intervención?
Venezuela sigue siendo hoy un estado en crisis, con un estricto control del país y sus fronteras. Apenas se ven tímidas flexibilizaciones para exportar petróleo, donde el principal beneficiado son Estados Unidos y sus aliados.
Por su parte, Nicolás Maduro afronta un juicio que lo encuentra responsable de liderar el Cartel de los Soles. La causa apunta a ser larga y mantendrá al expresidente un largo tiempo en Nueva York, preso hasta la sentencia, por lo que está fuera del juego de poderes en Venezuela.

Por ahora, la expectativa global por el fin de uno de los regímenes más resistidos choca con la inexistente dinámica de cambios y avances avizorada. Si bien aún el periodo es corto, no se denotan señales que brinden esperanzas para los venezolanos. Mientras tanto, se intentan desarrollar políticas como la Gran Misión Vuelta a La Patria, que busca atraer a las diásporas migrantes de nuevo al país.
En este contexto, la administración trumpista en Venezuela parece tener lugar para afirmarse. Por lo pronto, solo caracterizarse por introducir acuerdos comerciales y movimientos políticos que “muestren” una apertura marcada por la exportación de petróleo a determinados destinos, decididos en este caso por el mismo Estados Unidos.
De momento, Venezuela recorre un camino que se asemeja más a un Estado libre asociado como Puerto Rico que a una transición como la de Panamá. Esta, en 1999, finalizó con la apropiación de los recursos nacionales claves -el canal-.
¿Necesitará Venezuela, como Panamá, una década para constituirse como un país soberano por cuenta propia?
Te puede interesar: Trump destaca el acercamiento con Venezuela y anticipa una alianza energética “a largo plazo”
Bruno Diforti: corresponsal desde la frontera Colombia Venezuela













