Rusia tuvo que cancelar y reducir los desfiles del Día de la Victoria en distintas regiones ante la preocupación por posibles ataques con misiles ucranianos. La medida afecta a uno de los eventos más importantes del calendario militar ruso y coincide con los enfrentamientos con Ucrania, posteriormente a no haber logrado ningún avance significativo en las negociaciones entre ambos países.
En este marco, se dio a conocer a través de medios independientes como Meduza, que el desfile en Kaliningrado fue cancelado y las unidades militares regresaron a sus bases, sin una explicación oficial del Kremlin. Aunque las autoridades no confirmaron los motivos, distintas fuentes señalan que la decisión responde a amenazas vinculadas con amenazas de misiles ucranianos.
Consecuentemente, las dudas alcanzan incluso a Moscú, donde se evalúan restricciones sobre el desfile central. En los últimos años, el evento ya había sido reducido en escala, con menor presencia de tropas y equipamiento, así como la cancelación recurrente de exhibiciones aéreas, lo que deja en evidencia el impacto directo del conflicto en la planificación militar.
Seguridad interna y señales de vulnerabilidad
Con cautela, el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, evitó confirmar cancelaciones y sostuvo que Rusia sigue preparándose para la conmemoración. Sin embargo, voces cercanas al oficialismo advierten que la posibilidad de ataques de largo alcance, capaces de alcanzar la capital en pocos minutos, pone en la mesa un riesgo difícil de gestionar en eventos de alta exposición pública.
Paralelamente, este cúmulo de amenazas y cancelaciones, coincide con el estancamiento de las negociaciones entre Rusia y Ucrania, lo que refuerza la percepción de un conflicto sin solución cercana. En este marco, las limitaciones sobre los desfiles reflejan no sólo preocupaciones de seguridad, sino también una reconfiguración del alcance territorial y simbólico de la guerra.
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