El gobierno del Reino Unido confirmó este jueves, en una conferencia de prensa encabezada por el ministro de Defensa John Healey, que detectó y frustró una operación submarina encubierta de Rusia en el Atlántico Norte, donde varias unidades navales habrían operado en las inmediaciones de cables de comunicación y gasoductos estratégicos.
El episodio no solo dejó al descubierto la maniobra, sino que, según el comunicado oficial, Londres logró forzar la retirada de las unidades rusas sin que completaran su misión en secreto. De acuerdo con John Healey, la operación incluyó un submarino de ataque clase Akula utilizado como señuelo, mientras otras unidades especializadas del programa GUGI (Dirección Principal de Investigación en Aguas Profundas) avanzaban en tareas sobre infraestructura crítica.
La detección del submarino en aguas internacionales del llamado High North se produjo semanas atrás y, desde entonces, las fuerzas armadas mantuvieron un seguimiento constante de sus movimientos. La respuesta incluyó el despliegue de medios de la Real Armada —como la fragata HMS St Albans y el buque logístico RFA Tidespring— junto con helicópteros Merlin y aeronaves P-8 de la Real Fuerza Aérea.
En coordinación con aliados —entre ellos Noruega—, Londres impulsó una campaña deliberadamente visible para dejar en claro que los movimientos rusos estaban siendo monitoreados en tiempo real. “No eran operaciones encubiertas como pretendía Vladimir Putin”, afirmó John Healey. Como resultado, tanto el submarino de clase Akula como las unidades del programa GUGI regresaron a territorio ruso sin completar su misión.
Cables y energía
El caso ha vuelto a poner el foco en la importancia estratégica de los cables submarinos y gasoductos. Más del 99% del tráfico internacional de datos incluyendo comunicaciones financieras, comercio y servicios digitales depende de cables de fibra óptica submarinos, según el gobierno británico.
En paralelo, el Reino Unido depende en gran medida de gasoductos bajo el Mar del Norte, especialmente del suministro proveniente de Noruega, lo que convierte a esta infraestructura en un objetivo potencial en escenarios de conflicto. Tal así que el propio Healey advirtió que cualquier intento de dañar estas redes “no será tolerado y tendrá consecuencias graves”.
Guerra híbrida
Desde Londres se ha interpretado la operación como parte de una estrategia de “guerra híbrida” por parte de Moscú, orientada a presionar a Occidente sin escalar a un conflicto abierto. El comunicado sostiene a su vez, que Rusia aprovechó la atención internacional centrada en Medio Oriente para desplegar esta maniobra en el Atlántico Norte. “Mientras muchos miraban hacia otro lado, nuestras fuerzas armadas respondían a una amenaza creciente en el norte”, afirmó el ministro de Defensa.
Sin embargo, el episodio no es aislado. El Reino Unido ya había detectado actividades similares en los últimos años. En 2025, el buque espía ruso Yantar fue rastreado cerca de aguas británicas, en un incidente que incluyó incluso el uso de láseres contra aeronaves de patrulla.
Según Londres, la actividad naval rusa cerca de su territorio aumentó un 30% en los últimos dos años. De hecho, la Armada completó recientemente diez días de monitoreo intensivo de buques rusos, incluyendo un submarino clase Kilo en el Canal de la Mancha y el Mar del Norte.
Respuesta militar y política
El primer ministro Keir Starmer subrayó que su gobierno está decidido a proteger a la población de los efectos de la “agresión” rusa, particularmente en lo que respecta al impacto en los costos energéticos.
En este marco, Londres anunció un refuerzo de sus capacidades militares, incluyendo una inversión adicional de 100 millones de libras en aeronaves de patrulla marítima P-8 y el desarrollo del programa “Atlantic Bastion”, orientado a mejorar la guerra antisubmarina mediante sensores avanzados y sistemas autónomos.
Estas medidas forman parte de un incremento más amplio del gasto en defensa, que alcanzará el 2,6% del PBI para 2027.
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