El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que la relación bilateral con Venezuela atraviesa un momento “fantástico” y aseguró que el vínculo energético entre ambos países “podría ser a largo plazo”. Las declaraciones fueron realizadas el lunes 6 de abril frente a la Casa Blanca, donde el mandatario destacó el avance de la cooperación petrolera como eje central del nuevo entendimiento bilateral.
Trump sostuvo que alrededor de 100 millones de barriles de crudo venezolano se encuentran actualmente en proceso de refinación en Houston, subrayando que el flujo energético alcanzó niveles inéditos. Según el presidente, este intercambio contribuye a estabilizar el suministro interno estadounidense y consolida una relación basada en intereses económicos concretos más que en alineamientos ideológicos tradicionales. El mandatario ya había anticipado envíos adicionales de petróleo en semanas previas, aunque no precisó si los nuevos volúmenes corresponden a cargamentos recientes o previamente anunciados.
En este sentido, el acercamiento ocurre tras una serie de decisiones políticas adoptadas por Trump, entre ellas el levantamiento de sanciones contra la presidenta interina venezolana Delcy Rodríguez por parte de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), medida interpretada como un paso hacia la normalización diplomática. La flexibilización forma parte de un proceso más amplio iniciado luego de la captura de Nicolás Maduro en enero, evento que reconfiguró el equilibrio político interno venezolano y abrió espacio para negociaciones energéticas y económicas con Estados Unidos.
La guerra con Irán condiciona a Trump a mantener una buena relación con Venezuela
En paralelo, ambos países avanzaron en la reactivación de relaciones diplomáticas, incluyendo la reapertura de la embajada estadounidense en Caracas tras años de ruptura institucional. Este proceso se interpreta como un giro pragmático impulsado por la seguridad energética global y la necesidad estadounidense de diversificar suministros ante la volatilidad internacional, mientras Venezuela busca inversión extranjera para reconstruir su industria petrolera.
Durante sus declaraciones, Trump también bromeó con la posibilidad de postularse a la presidencia venezolana, afirmando que su popularidad en el país sería elevada. Más allá del tono informal, el trasfondo estratégico refleja un cambio profundo. Dada la guerra en Medio Oriente y el bloqueo del Estrecho de Ormuz, Washington pasó de una política de sanciones y aislamiento a un modelo de cooperación condicionada, donde el petróleo y la estabilidad regional se convierten en los principales motores de una relación bilateral que ambas partes proyectan sostener en el tiempo.
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