El pasado 28 de febrero, Estados Unidos e Israel comenzaron sus ataques militares directos sobre Irán, generando el cierre del estrecho de Ormuz, arteria energética más crítica del mundo que conecta el Golfo Pérsico con el Mar Arábigo. Por él transita cerca del 30% del petróleo y gas natural licuado (GNL) comercializado por mar.
La clausura de este espacio nodal para el comercio del crudo y gas ha producido el aumento de los precios de combustibles, sobrepasando estos los US$100 el barril. Por su parte, el Brent ha estado rondando los US$110 en las últimas jornadas. Es así que, desde que inició la guerra, el barril de petróleo aumentó su precio un 50% y el gas natural en Europa también se incrementó en un 50%.
Frente a esta situación, existe un generalizado temor a una posible recesión económica global que ya ha ido materializándose en diferentes grados. No solo las empresas aéreas han decidido aumentar los precios de sus billetes, sino que también el sector del agro se ha visto resentido tras las subas en los precios de los fertilizantes necesarios para sus cultivos. Cuando Ormuz se bloquea, el shock se vuelve sistémico.
Ante tal coyuntura, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) ha calificado a este acontecimiento como “la mayor interrupción del suministro en la historia del mercado mundial del petróleo”, estableciendo diferentes vías a través de las cuales los gobiernos pueden reducir la demanda. Entre ellas, se destacan tres días de trabajo remoto por semana y la gratuidad del transporte público para reducir el uso de automóviles, ya que el traslado por carretera representa aproximadamente el 45% del consumo mundial de combustible.
Más allá de esto, el director ejecutivo de la AIE, Fatih Birol, advirtió que estos cambios solo aliviarán parcialmente la situación, y que la reactivación del paso por el estrecho de Ormuz es clave para estabilizar el mercado.
Países de todo el mundo buscan reducir la demanda energética
Dadas las circunstancias, los gobiernos buscan frenar el incremento de los precios de los combustibles frente a las diversas infraestructuras y desafíos energéticos y de transporte que poseen.
Por un lado, los países asiáticos declararon emergencia nacional, reduciendo jornadas laborales a 4 días, cerrando escuelas o entregando subsidios.
En Sri Lanka, los conductores particulares obtienen 15 litros de combustible por semana.
En India se ha impuesto un recorte al suministro de gas licuado a las industrias con el objetivo de proveerlo a las cocinas de los hogares.
En China se ha declarado la prohibición temporal de la exportación de gasolina y diésel, entre otros productos de refinería, además de la marcha atrás en los incrementos de los precios del combustible luego de que treparan un 20% desde el estallido de la guerra.
Al mismo tiempo, en otros lugares de Asia se han cerrado miles de gasolineras e instaurado diferentes sistemas de racionamiento para el ahorro de reservas.
En Europa también se han tomado diferentes medidas al respecto
En España se ha aprobado un plan de 5.000 millones de euros y 80 medidas para amortiguar el impacto de la guerra en Irán, que incluye la baja de IVA en gas, combustibles y luz, la ayuda al agro y transportistas y la congelación temporal de alquileres.
Eslovenia, por su parte, se configura como el primer país de la Unión Europea en racionar el combustible; se otorgan 50 litros por semana a conductores particulares y 200 como máximo a empresas y agricultores.
En Alemania, el gobierno regula el mercado a partir de la presentación de una ley que permita a las gasolineras subir los precios solo una vez al día.
Por su parte, Estados Unidos declara que el aumento en los precios del petróleo es temporal y busca aumentar la producción de crudo a partir de conseguir nuevos permisos de perforación. También decidió eliminar sanciones al petróleo ruso, reducir costos a partir de la modificación de leyes marítimas y liberar reservas estratégicas de petróleo.
En América Latina también se busca recortar la demanda de crudo
En Brasil se ha creado un plan fiscal que incluye la eliminación temporal de impuestos sobre el diésel y la entrega de una subvención a productores e importadores del mismo, entre otras medidas.
En el caso de México, se ha establecido un subsidio a las gasolinas y un acuerdo para fijar un precio máximo al diésel.
El gobierno de Colombia, país donde el precio del petróleo venía disminuyendo de forma progresiva en el último tiempo, declaró que, si la crisis continúa, deberá realizar un ajuste de precios.
En Argentina, para mitigar el impacto de los precios, el gobierno pospuso aumentos de impuestos a los combustibles.
En cuanto a Chile, Kast advirtió acerca de un incremento del 30% en la gasolina y del 60% o más en el diésel, lo que generó protestas masivas y críticas duras. A pesar de que en Chile el precio de los combustibles está determinado por el mercado, el país tenía un sistema para estabilizar precios que fue cambiado por el gobierno actual. El incremento en el valor de los combustibles es el más significativo desde la década de 1970.
El mundo enfrenta “la mayor amenaza a la seguridad energética global de la historia”, advirtió hace unos días Fatih Birol. Además, remarcó que “ningún país será inmune” si la escalada continúa.
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