La Armada de Estados Unidos reconoció formalmente que su sistema tradicional de adquisiciones, diseñado para tiempos de paz, ya no responde a las exigencias de los conflictos actuales. En una audiencia ante el Comité de Servicios Armados del Senado el 24 de marzo de 2026, la vicealmirante Elizabeth S. Okano advirtió que el modelo vigente es “demasiado lento y adverso al riesgo” frente a una nueva era marcada por la competencia militar y la necesidad de producción a gran escala.

El ritmo de consumo de municiones en escenarios recientes, especialmente en el área de responsabilidad del Comando Central (CENTCOM), expuso limitaciones estructurales en la capacidad industrial estadounidense. Para la Armada, la velocidad de producción y la escala industrial ya no son variables secundarias, sino factores decisivos para ganar una guerra.
De un sistema de paz a una lógica de guerra
El Departamento de la Marina (DON) anunció que está impulsando una transformación profunda de su sistema de adquisiciones para operar bajo una “base permanente de guerra”. Esto implica abandonar procesos burocráticos prolongados en favor de mecanismos más ágiles, con mayor tolerancia al riesgo y tiempos de entrega más cortos.
Entre las reformas clave se encuentran la reducción de regulaciones, cambios en el sistema presupuestario (PPBE) para permitir asignaciones más flexibles y la adopción de arquitecturas abiertas que faciliten actualizaciones rápidas y fomenten la competencia entre proveedores. Además, se busca consolidar la estructura de adquisiciones, 22 oficinas ejecutivas serán reemplazadas por 10 nuevas entidades con responsabilidad integral sobre capacidades específicas. Este cambio apunta a acelerar la toma de decisiones y establecer líneas claras de rendición de cuentas.

Menos proveedores, más vulnerabilidad
Uno de los puntos más críticos señalados por Okano es la concentración de la base industrial de defensa. En las últimas tres décadas, el número de contratistas principales en el sector de municiones cayó de más de 50 a apenas cinco. Esta consolidación, según la Armada, encarece costos, limita la innovación y reduce la capacidad de producción. La erosión de inventarios de sistemas clave —como los misiles Tomahawk, la familia Standard Missile o los misiles aire-aire AMRAAM y AIM-9X— refleja años de financiamiento inconsistente y contratos de corto plazo que desincentivaron la inversión industrial.
Para revertir esta situación, el Pentágono está recurriendo a contratos plurianuales que brinden previsibilidad a la industria, al tiempo que invierte en cuellos de botella críticos como los motores de cohetes y los componentes energéticos.

Más competencia y nuevos actores
La nueva estrategia se apoya en dos pilares, en aumentar la producción actual y en expandir la base industrial incorporando nuevos actores. En este sentido, la Armada busca atraer empresas tecnológicas no tradicionales capaces de ofrecer soluciones más rápidas, escalables y de menor costo.
Este enfoque refleja lecciones recientes de conflictos como los de Ucrania y Medio Oriente, donde la innovación rápida y la producción masiva —especialmente en sistemas no tripulados— demostraron ser determinantes en el campo de batalla. Como parte de esta transformación, se creó la Oficina de Capacidades Rápidas de la Marina (DONRCO), encargada de desplegar soluciones en un plazo máximo de tres años. Este organismo adopta una lógica de “fallar rápido” para iterar tecnologías en entornos operativos reales, acortando drásticamente los ciclos de desarrollo.
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