Un informe del Atlantic Council advierte que China y Rusia, aunque sin intervenir directamente en el conflicto, sostienen las capacidades militares de Irán mediante redes de evasión de sanciones y cadenas de suministro integradas. Estas estructuras, que operan fuera del sistema financiero occidental, permiten a Teherán acceder a tecnología dual, componentes críticos y materiales sensibles para sus programas de defensa.

El denominado “Axis of Evasion” se basa en el uso de intermediarios, empresas pantalla y hubs de reexportación que dificultan rastrear el origen y destino de los productos. En este esquema, China cumple un rol central al exportar componentes electrónicos, sistemas de navegación y tecnología de doble uso, mientras continúa importando petróleo sancionado, reforzando así los vínculos económicos con Irán y Rusia.
El programa de drones iraní evidencia este mecanismo. Plataformas como la serie Shahed dependen de motores, semiconductores, sensores y baterías importadas, muchas veces de origen occidental pero canalizadas a través de distribuidores chinos. Desde 2022, Rusia ha ampliado esta cooperación mediante la instalación de una planta en Alabuga, la transferencia de cientos de drones desmontados Shahed-16, componentes para más de 1.300 unidades y asistencia técnica, trasladando hacia 2025 la mayor parte del ensamblaje a su territorio y desarrollando variantes como el dron Garpiya-3.

Las cadenas de suministro también abarcan los sistemas de guiado. China facilita sensores inerciales y módulos satelitales, mientras Rusia aporta experiencia operativa e inteligencia, incluyendo mejoras en targeting. Algunos drones y misiles iraníes ya integran el sistema satelital BeiDou, lo que les permite optimizar navegación y aplicar técnicas de engaño electrónico para ocultar movimientos o confundir defensas.
En paralelo, empresas chinas han sido vinculadas al suministro de precursores químicos utilizados en combustibles sólidos y explosivos para misiles. Este flujo de materiales se combina con sistemas ya desplegados como los drones Shahed-136 —conocidos en Rusia como Geran-2—, municiones merodeadoras de bajo costo producidas en serie. Tal como se analizó, estos sistemas se han convertido en un eje de la cooperación entre Moscú y Teherán. En conjunto, el acceso a insumos, tecnología y plataformas permite a Irán sostener y expandir sus capacidades militares pese a las sanciones.
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