La posibilidad de conformar una fuerza naval multinacional para restablecer el tránsito comercial por el estrecho de Ormuz comenzó a tomar forma en las últimas horas, con la Real Armada británica perfilada como posible nación líder de una arquitectura de seguridad marítima orientada a la escolta de buques mercantes, las contramedidas de minas y la protección de rutas críticas. Sin embargo, cualquier esquema de reapertura efectiva del paso seguiría dependiendo de un factor central: el respaldo operativo, logístico y político de Estados Unidos, la única marina con masa crítica suficiente para sostener de manera continuada una operación de esa escala en el Golfo.

De acuerdo con las versiones conocidas hasta ahora, Londres y París trabajan sobre distintos escenarios para una eventual “coalición de Ormuz”, mientras varios países europeos y Japón ya expresaron su disposición a contribuir a esfuerzos orientados a garantizar la seguridad marítima y el paso seguro de los buques comerciales. Ese dato es relevante porque sugiere que la discusión dejó de ser puramente diplomática y pasó a una fase de planeamiento preliminar para eventuales operaciones navales en la zona.
En términos estrictamente militares, una operación de reapertura de Ormuz no equivaldría a una simple presencia disuasiva. La amenaza actual combina interferencia a la navegación, riesgo de ataques contra buques comerciales, empleo de drones y posible minado del paso, por lo que cualquier fuerza de tarea necesitaría integrar, como mínimo, tres capacidades: guerra de minas, escolta de superficie y defensa aérea de punto y de área para proteger tanto a los convoyes como a las unidades desplegadas. Por eso, más que una patrulla simbólica, el escenario que empieza a evaluarse es el de una operación de seguridad marítima de alta exigencia.

Ahí es donde aparece la principal limitación europea. La Real Armada británica puede aportar conducción, experiencia en operaciones de protección del tráfico marítimo y medios navales de primera línea, mientras que Francia puede sumar respaldo político y capacidades complementarias. Pero la reapertura sostenida del estrecho requeriría además inteligencia, vigilancia y reconocimiento, cobertura aérea, sostén logístico, permanencia en zona y capacidad de escalada creíble frente a Irán, un paquete que hoy solo Estados Unidos puede garantizar de manera integral. En otras palabras, Londres podría encabezar la coalición, pero no reemplazar el papel habilitador de Washington.
El componente francés, además, aparece condicionado por una línea política más cauta. París ya dejó trascender que no participaría en operaciones para desbloquear Ormuz mientras continúen las hostilidades abiertas, y que su enfoque se orienta a una coordinación estrictamente defensiva y, eventualmente, a una misión posterior de protección de la navegación cuando la intensidad del conflicto disminuya. Esa postura no invalida el planeamiento conjunto, pero sí acota el tipo de misión que Francia estaría dispuesta a respaldar en esta fase.
Te puede interesar: El comunicado de potencias occidentales y Japón impulsa coordinación para la seguridad marítima en el estrecho de Ormuz













