La ofensiva lanzada en Ecuador contra estructuras criminales en la frontera con Colombia dejó de ser un episodio aislado y empezó a perfilarse como un posible modelo para futuras acciones militares en América Latina. La señal más fuerte llegó desde Washington: el operativo fue presentado como el arranque de una campaña más amplia, con apoyo directo de Estados Unidos y proyección regional.

Según el testimonio escrito que Joseph Humire presentó el 17 de marzo ante la Cámara de Representantes, la operación denominada “Operation Total Extermination” fue definida como “el inicio de una ofensiva militar de Ecuador” contra organizaciones criminales transnacionales con apoyo estadounidense, y como una acción que busca “marcar el ritmo” de futuras operaciones “de disuasión” contra infraestructura de carteles en América Latina y el Caribe. En el mismo documento, Humire sostuvo además que 17 países socios firmaron una declaración conjunta dentro de la nueva Americas Counter-Cartel Coalition, impulsada por la administración Trump.
El antecedente inmediato fue el ataque del 6 de marzo en territorio ecuatoriano. Estados Unidos y Ecuador llevaron adelante una operación conjunta contra un campamento del grupo Comandos de la Frontera, una estructura criminal integrada por disidentes de las FARC, en el noreste del país y cerca de la frontera colombiana. La operación, bautizada por Quito como “Total Extermination”, empleó helicópteros, aeronaves, lanchas fluviales y drones para localizar y bombardear el objetivo.
La participación estadounidense no quedó solo en declaraciones políticas. En la notificación formal enviada al Congreso bajo la War Powers Resolution, la Casa Blanca confirmó que las Fuerzas Armadas de Estados Unidos actuaron “en asociación” con las Fuerzas Armadas ecuatorianas en el ataque del 6 de marzo, y precisó que la misión fue planificada y ejecutada por Washington junto a Quito. El documento también aclara que hubo fuerzas terrestres estadounidenses presentes, aunque sin entrar en contacto con fuerzas hostiles.
El dato estratégico es que el propio lenguaje del Pentágono ya no presenta estas acciones como simples operaciones puntuales de apoyo, sino como parte de una arquitectura regional más amplia. El comunicado de SOUTHCOM del 3 de marzo ya hablaba de operaciones conjuntas contra “organizaciones terroristas designadas” en Ecuador, mientras el testimonio de Humire las encuadra dentro de una lógica de operaciones bilaterales y multilaterales “partner-led” para degradar y destruir redes criminales en el hemisferio.

En paralelo, la Casa Blanca elevó todavía más el tono político sobre el Caribe. El 16 de marzo, Trump dijo que esperaba tener “el honor de tomar Cuba de alguna forma” y agregó que podía hacer “lo que quisiera” con la isla. Reuters también reportó que el presidente afirmó después: “Estamos hablando con Cuba, pero vamos a hacer Irán antes que Cuba”, una frase que reforzó la idea de que la presión militar, económica y diplomática sobre La Habana forma parte de una secuencia más amplia en el hemisferio.
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