Actualmente, Estados Unidos se encuentra concentrado en el actual conflicto en Medio Oriente. Sin embargo, a largo plazo sus ojos siguen apuntando a China: a fines de febrero, Washington llevó a cabo el ejercicio Bamboo Eagle que fue diseñado en torno al concepto de Empleo de Combate Ágil (ACE) de la Fuerza Aérea de EE.UU (USAF). En pocas palabras, el ejercicio puso a prueba la capacidad del servicio para operar en un entorno disputado desde el inicio de las hostilidades, con operaciones y unidades dispersas a distancias considerables.

Entre amenazas y restricciones
El concepto ACE, que comenzó a desarrollarse a finales de la década de 2010, ha estado impulsado principalmente por la creciente capacidad de China para mantener en riesgo las bases aéreas estadounidenses en la región gracias a sus capacidades de ataque y capacidad de daño de largo alcance. Así, las capacidades chinas, junto con limitaciones relacionadas con el inventario de interceptores de misiles estadounidenses, la profundidad y la limitada infraestructura reforzada, plantean desafíos clave para la capacidad de Estados Unidos para llevar a cabo grandes operaciones aéreas.
Intentando encontrar soluciones, Estados Unidos despliega y rota permanentemente activos de defensa aérea y antimisiles en bases de la región, como Guam, Japón y Corea del Sur, para apoyar la defensa de sus propias bases y las aliadas. Estos incluyen los sistemas Patriot y Lockheed Martin Terminal High-Altitude Area Defense (THAAD). Pero la realidad es que el inventario de misiles balísticos chinos podría poner a prueba la capacidad de interceptores estadounidenses.
Un proceso de innovación
Ante este panorama, ACE representa un intento de abordar estas vulnerabilidades remodelando la forma en que la USAF genera y sostiene el poder aéreo en la región. Para apoyar la capacidad de la USAF para realizar operaciones dispersas, EE. UU. ha incrementado el número de ubicaciones desde las que puede operar en el Indo-Pacífico, sumándose a la red de bases y sitios estadounidenses a los que tiene acceso (véase Mapa 1). Además, ha ampliado el acceso a bases con socios, como a través de un acuerdo con Filipinas en 2023; y también está restaurando antiguas pistas y mejorando la infraestructura general.

Pero diversificar las posibles ubicaciones operativas de la USAF es solo una parte de la ecuación: El servicio también debe ser capaz de generar y dispersar rápidamente el poder aéreo. Por ello, ha estado realizando este tipo de maniobras, llevando a cabo alrededor de 45 ejercicios con un componente declarado de formación ACE desde 2020 en todo el Indo-Pacífico, utilizando colectivamente más de 35 bases aéreas y aeródromos diferentes en la región (véase el Mapa 2).

Otras medidas
Mejorar la capacidad para dar servicio rápido a las aeronaves, especialmente desde ubicaciones austeras con un soporte in situ comparativamente reducido, es otro foco clave de los esfuerzos para operacionalizar ACE. Estados Unidos, por ejemplo, ha buscado mejorar sus capacidades de repostaje para acortar los tiempos de retorno de los aviones, aumentar el uso del repostaje en hoyo en la región, donde un avión se recarga con los motores aún encendidos, y hacer un mayor uso de las operaciones de puntos de reabastecimiento en área avanzada (FARP), que implican la transferencia rápida de combustible entre aeronaves, evitando la necesidad de estaciones de repostaje.
Por último, es clave poder operar desde ubicaciones dispersas, lo que impone importantes exigencias logísticas para el sostenimiento de aeronaves estadounidenses en un entorno disputado. En respuesta, Washington busca fortalecer su capacidad para apoyar operaciones aéreas distribuidas desplegando hacia adelante los recursos necesarios para la generación de salidas y el sostenimiento de aeronaves como parte de su concepto de Preposicionamiento Regional de Clúster de Base (RBCP).
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