En el marco de la guerra en Medio Oriente, se registró el primer ataque contra una base militar británica desde 1986. Específicamente, la base RAF Akrotiri, en Chipre, fue alcanzada por un dron de fabricación iraní, abriendo un importante agujero en un hangar que albergaba aviones de reconocimiento estadounidenses U-2. El ataque fue de gran relevancia si se tiene en cuenta que estos territorios tienen un valor estratégico para Londres, ya que son el ancla de la proyección británica en el Atlántico Sur. Por ello, en un momento en el que las tensiones con Rusia, China e Irán van en aumento, desde el Reino Unido comienzan a preocuparse por posibles movimientos hostiles, incluso en las Islas Malvinas.

Desde Londres ya reconocen los esfuerzos agresivos de Rusia en los estados bálticos y los Balcanes, así como la iniciativa de la Franja y la Ruta de China y sus esfuerzos por asegurar la supremacía comercial, a lo que se suman los extensos esfuerzos del Partido Comunista Chino para llegar a las naciones de la Commonwealth en el Caribe, África y el Pacífico. Pero las preocupaciones en torno a los territorios de ultramar británicos no son un posible ataque con misiles sino, como suele ocurrir en conflictos híbridos, que se emplee la coerción económica, desinformación, ciberataques, infiltración democrática, proxies criminales, entre otras cosas.
El Reino Unido, preocupado por las Malvinas
Pero la preocupación británica va mucho más allá e incluye a las Islas Malvinas: desde Londres consideran que los territorios argentinos son fundamentales para la seguridad británica porque le permiten proteger sus intereses en el Atlántico Sur. Por ello, los analistas sugieren que se necesita un cambio radical en la forma en que el Gobierno de Keir Starmer aborda los problemas de seguridad.

Específicamente, la crítica contra Starmer es cómo respondería ante una posible situación de seguridad en torno a las Islas Malvinas. Pocos creen que, tal como hizo la primera ministra Margaret Thatcher, estaría dispuesto a desplegar una fuerza de tarea a 8.000 millas para disputar su soberanía tal como sucedió en 1982.
Y a las dudas sobre Starmer se suman las actuales tensiones del Reino Unido con su histórico aliado Estados Unidos: desde Washington se han mostrado muy críticos con Londres por su resistencia a apoyar las actuales operaciones en Irán y el Estrecho de Ormuz. El “enojo” en el país norteamericano es tan grande que incluso un abogado republicano con sede en Israel explicó en X que, como Argentina enviará unidades navales al Estrecho de Ormuz – el gobierno de Javier Milei aún no confirmó esto de manera oficial – para sumarse a la coalición de Trump, Washington debería revertir su postura sobre las Islas Malvinas como recompensa al alineamiento de Buenos Aires con Estados Unidos.
Tal vez te interese: ¿Deberían los EE.UU. apoyar el reclamo argentino sobre Malvinas? Ormuz, Trump y Milei













