Un abogado republicano con sede en Israel afirmó en X que Argentina enviará unidades navales al Estrecho de Ormuz para sumarse a la coalición de Donald Trump para liberar el estrecho de Ormuz bloqueado por Irán, y aprovechó la ocasión para reclamar que Washington revierta su postura sobre las Islas Malvinas como recompensa al alineamiento de Buenos Aires con Estados Unidos.

El autor del mensaje es Marc Zell, vicepresidente de Republicans Overseas y presidente de Republicans Overseas Israel, un abogado con larga trayectoria en la comunidad judía de Washington y Tel Aviv sin cargo oficial en la administración Trump. La ecuación que propone Zell es directa: si el Reino Unido se negó a apoyar a EE.UU. en Ormuz y Argentina respondió afirmativamente, Washington debería reconsiderar su postura histórica sobre la soberanía de las islas. Sobre el posible despliegue de medios navales, su publicación no cita ninguna fuente, no hay cable de agencia que la respalde y ningún funcionario argentino la confirmó públicamente.
El contexto global que rodea esa afirmación es preciso: ningún país se comprometió a enviar buques de guerra al Estrecho de Ormuz tras los llamados de Trump. Alemania descartó participar. Italia dijo que no estaba implicada en operaciones militares en Ormuz. Francia condicionó cualquier participación a que la situación de seguridad se hubiera estabilizado. El Reino Unido declaró que no está obligado a satisfacer cada pedido de un presidente transaccional y trabaja en cambio en el despliegue de drones desminadores. Japón y Corea del Sur dijeron que no habían tomado ninguna decisión. Trump prometió anunciar esta semana que varios países acordaron sumarse, pero al cierre de esa jornada ninguno lo había confirmado.

En ese escenario de rechazos y silencios generalizados, el tuit de Zell tiene una lógica política comprensible aunque no verificada: instalar la imagen de Argentina como el aliado leal que otros no quisieron ser. El dato sobre Malvinas no es un agregado casual sino el núcleo de la propuesta. Zell recuerda que en 1982 el presidente Reagan apoyó a la primera ministra Margaret Thatcher en el conflicto del Atlántico Sur, y plantea que hoy las tornas se invirtieron: si el Reino Unido no acompaña a Trump y Argentina sí, es razonable que Washington reconsidere en cuál de los dos deposita su respaldo.
Lo que sí existe como dato concreto es el alineamiento verbal de Javier Milei con Trump y con Israel, su definición de Irán como “nuestro enemigo” en Nueva York y el antecedente de la Operación Alfil en el Golfo Pérsico en 1991, cuando el destructor ARA Almirante Brown y la corbeta ARA Spiro operaron bajo las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU contra Irak. Nada de eso equivale a una confirmación de despliegue. La Constitución argentina reserva al Congreso las decisiones de guerra y paz, y no hubo ningún movimiento en esa dirección.
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