En forma cautelosa, China evitó comprometerse con los esfuerzos que impulsa Estados Unidos para garantizar la reapertura del Estrecho de Ormuz luego de la escalada militar con Irán, optando por mantener una posición diplomática con foco en la desescalada. De esta manera, el Ministerio de Asuntos Exteriores chino reiteró que todas las partes deben detener las operaciones militares y evitar que la crisis afecte más a la economía mundial, sin confirmar participación en iniciativas de seguridad marítima lideradas por Washington.

En este contexto, la situación se desarrolla mientras la ofensiva estadounidense contra Irán entra en su tercera semana y el tránsito energético por el estrecho enfrenta interrupciones y gran volatilidad en los mercados. Cabe señalar que la falta de apoyo militar inmediato de aliados tradicionales complica estos intentos de Estados Unidos por estabilizar la vía marítima. En este sentido, Ali Wyne, investigador del International Crisis Group, sostuvo que la crisis pone en evidencia la necesidad de cooperación internacional incluso entre competidores estratégicos.
Por su parte, Pekín, mantuvo una estrategia prudente. Además de insistir públicamente en la reducción de tensiones, diplomáticos chinos intensificaron contactos con países de Oriente Medio y enviaron asistencia humanitaria a Irán a través de la Cruz Roja y la Media Luna Roja. Postura que refuerza la preferencia china por proyectar influencia mediante herramientas diplomáticas y económicas, evitando una intervención militar directa en el conflicto.
Su impacto en la cumbre Xi-Trump
Es importante señalar que, el escenario también repercute en la agenda entre Washington y Pekín. La esperada cumbre entre el presidente estadounidense Donald Trump y su par chino Xi Jinping, prevista para fines de marzo, se postergó finalmente debido a la crisis en Medio Oriente. En consonancia con el tema, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, indicó que el cambio responde a prioridades estratégicas relacionadas al conflicto y no a tensiones comerciales.

En términos más amplios, esta postergación del encuentro tendrá implicancias para la relación entre ambas potencias. En este sentido, la reunión buscaba consolidar mecanismos de estabilidad comercial y avanzar en acuerdos económicos bilaterales, en un momento de relativa distensión. Sin embargo, la crisis en el Estrecho de Ormuz demuestra cómo los conflictos regionales pueden alterar la agenda estratégica global, obligando a Estados Unidos a concentrar recursos en Medio Oriente mientras China preserva una posición cautelosa orientada a mantener estabilidad económica y margen diplomático, continuando además con el envío de petróleo por Ormuz.













