El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán, Esmaeil Baghaei, acusó a Israel y Estados Unidos de planear operaciones de falsa bandera destinadas a construir un pretexto para escalar el conflicto en Medio Oriente, incluyendo una posible operación terrestre en territorio iraní que Washington no descarta pese a las declaraciones públicas de Donald Trump.

Baghaei fue directo en su acusación: afirmó que era concebible que Israel y Estados Unidos llevaran a cabo ataques diseñados para ser atribuidos a otro actor, con el objetivo de justificar una nueva ofensiva o una intervención terrestre en Irán. Como ejemplo concreto citó un incidente con drones en el Golfo de Omán, alegando que el ejército estadounidense habría replicado un dron kamikaze cargado con explosivos. También advirtió que cualquier ataque contra objetivos en territorio continental estadounidense podría ser atribuido falsamente a Teherán. El portavoz iraní marcó una diferencia explícita con la supuesta táctica de sus adversarios: las fuerzas armadas de Irán, afirmó, “declaran con valentía y honor cada objetivo que atacan”.
Una falsa bandera es una operación encubierta diseñada para hacer creer que una agresión fue realizada por un actor distinto al que realmente la ejecutó. Quien la lleva a cabo aparece como víctima o queda invisibilizado, mientras otro país o grupo carga con la responsabilidad pública. El objetivo central es construir un pretexto, para justificar una guerra, una represalia o una intervención militar que de otro modo carecería de legitimidad internacional. Es una táctica con antecedentes históricos documentados y que, en contextos de conflicto activo, opera como herramienta de guerra narrativa con consecuencias tan reales como las militares.
Las declaraciones de Baghaei se producen en un momento de alta tensión en la región, con el conflicto en Medio Oriente sin señales claras de resolución y los rumores sobre una posible operación terrestre estadounidense en Irán circulando en Washington. La prolongación del conflicto mantiene la presión sobre la Casa Blanca. En paralelo, el FBI advirtió días atrás a departamentos de policía de California sobre una amenaza de ataques en territorio estadounidense como represalia por la guerra, un dato que eleva la tensión doméstica y que Teherán monitorea de cerca.
La acusación pública de Irán tiene una lógica estratégica precisa: al anticipar y nombrar la posibilidad de una falsa bandera antes de que ocurra, Teherán intenta desacreditar preventivamente cualquier incidente que pudiera usarse como justificación para escalar el conflicto. Si en los próximos días o semanas se produjera un ataque atribuido a Irán, la declaración de Baghaei quedaría como antecedente registrado ante la comunidad internacional. No es solo una advertencia, es una jugada de guerra informativa: neutralizar el relato del adversario antes de que lo construya.
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