- Japón evalúa integrarse al sistema Golden Dome de EE.UU.
- Washington podría solicitar a Tokio producción de misiles interceptores.
- La iniciativa busca contrarrestar misiles balísticos e hipersónicos.

La iniciativa impulsada por el presidente Donald Trump para ampliar la arquitectura de protección frente a misiles balísticos podría sumar un nuevo integrante con la incorporación de Japón al proyecto Golden Dome. Así lo habrían informado fuentes del gobierno japonés citadas por Reuters, señalando que la primera ministra Sanae Takaichi prevé comunicar formalmente la intención del país durante una reunión bilateral prevista para el 19 de marzo en Washington.
En paralelo, y en un contexto de presión sobre los arsenales estadounidenses debido a los conflictos simultáneos en Medio Oriente y Ucrania, Japón anticipa la posibilidad de apoyar industrialmente a Washington para aumentar la producción de misiles interceptores. Este escenario se produce después de que Tokio exportara en 2025 interceptores del sistema MIM-104 Patriot fabricados bajo licencia hacia Estados Unidos, en un hecho que marcó un cambio significativo respecto de la tradicional política japonesa restrictiva en materia de exportaciones de armamento.

El proyecto Golden Dome, o “Cúpula Dorada”, busca ampliar la arquitectura de defensa antimisiles estadounidense mediante la integración de sistemas terrestres existentes con sensores y plataformas de interceptación más avanzadas. Entre los sistemas actualmente desplegados por el Pentágono se encuentra el Ground-Based Midcourse Defense, diseñado para interceptar misiles balísticos intercontinentales durante la fase media de su trayectoria mediante interceptores basados en tierra. Otra capa clave es el Terminal High Altitude Area Defense (THAAD), desarrollado para destruir misiles balísticos en la fase terminal de su vuelo a gran altitud, ampliando la cobertura frente a amenazas regionales. A menor escala, el sistema Patriot —utilizado por numerosos aliados— intercepta misiles tácticos, drones y aeronaves hostiles en el tramo final de su aproximación.
Estos sistemas se apoyan en una red de radares de alerta temprana y sensores espaciales que permiten detectar lanzamientos, seguir la trayectoria de los proyectiles y coordinar la respuesta interceptora. La arquitectura multicapas busca interceptar misiles en distintas fases del vuelo, aumentando la probabilidad de neutralizar la amenaza antes de que alcance su objetivo.

Según un análisis publicado por Politico, el proyecto todavía se encuentra lejos de su implementación operativa. Aunque el Congreso estadounidense aprobó unos 23.000 millones de dólares para la iniciativa, el Pentágono aún no ha comenzado el despliegue de la red de sensores e interceptores debido a retrasos en la liberación de fondos y a la complejidad del sistema.
La iniciativa, sin embargo, también ha generado críticas por parte de otras potencias. Funcionarios de China y Corea del Norte han advertido en distintas ocasiones que el desarrollo de interceptores y sensores orbitales podría acelerar la militarización del espacio y aumentar el riesgo de convertirlo en un nuevo dominio de confrontación estratégica
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