Estados Unidos inició en Ginebra una ronda de contactos con delegaciones de Rusia y China para explorar un marco de control de armas nucleares de alcance multilateral, en el primer movimiento diplomático de este tipo desde la expiración de New START, el acuerdo que fijaba límites verificables al número de ojivas nucleares estratégicas desplegadas y sus vectores entre Washington y Moscú.
Según un alto funcionario del Departamento de Estado citado por Reuters, la delegación estadounidense se reunió el lunes 23 de febrero con representantes rusos y tiene previsto mantener un encuentro el martes 24 con una delegación china, con la idea de “forjar” un eventual tratado más amplio. El mismo funcionario sostuvo que Estados Unidos ya mantuvo conversaciones bilaterales “buenas” con Francia y el Reino Unido, y que llevar el diálogo al formato de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU era “el siguiente paso lógico”.
El trasfondo es el vacío que deja New START, que había establecido topes a las ojivas estratégicas desplegadas y un régimen de transparencia e inspecciones. Aunque Rusia suspendió su participación en 2023 y las inspecciones ya venían afectadas desde la pandemia, el tratado seguía funcionando como referencia de límites y predictibilidad hasta su vencimiento. Con la expiración, la competencia nuclear vuelve a operar con menos barandas, y con incentivos a “subir” cargas en misiles y submarinos si no aparece un reemplazo.
La principal dificultad es que el objetivo estadounidense, sumar a China a un esquema de límites, no coincide con la postura pública de Pekín. El embajador chino para desarme, Shen Jian, ya había dicho que su país no participará en nuevas negociaciones de control nuclear con Rusia y Estados Unidos “en esta etapa”, y Reuters señaló que ni siquiera estaba claro si la reunión del martes equivaldría a negociaciones formales.
A eso se suma un clima enrarecido por acusaciones cruzadas. En febrero, Estados Unidos afirmó que China habría realizado una prueba nuclear encubierta en 2020, algo que Pekín rechazó. El efecto práctico es que la agenda de “nuevo tratado” convive con una disputa de confianza, justo el insumo más escaso cuando se intenta volver a límites verificables.
Por ahora, el movimiento en Ginebra funciona más como señal de apertura de canal que como garantía de resultado. La próxima pregunta es si estos contactos se convierten en un proceso sostenido con definiciones sobre alcance, verificación y límites numéricos, o si quedan en un formato político de diálogo entre potencias, útil para administrar tensiones, pero insuficiente para frenar una dinámica de expansión y modernización nuclear que ya está en marcha.
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