- Rusia ha convertido los videojuegos en un nuevo frente de guerra híbrida, usando comunidades digitales para reclutar combatientes y difundir propaganda.
- El caso de dos jóvenes sudafricanos muestra cómo jugadores de simuladores militares fueron llevados de chats en Discord al frente de batalla en Ucrania.
- Bajo el Internet Development Institute, Moscú invierte miles de millones de rublos en títulos patrióticos como Sparta y Front Edge, diseñados para normalizar la guerra entre jóvenes.

La guerra en Ucrania no solo se libra en los campos de batalla, también en los espacios digitales. Rusia ha convertido los videojuegos en un terreno fértil para la influencia y el reclutamiento, explotando comunidades que hasta hace poco eran vistas como simples espacios de ocio. Lo que antes era entretenimiento ahora se ha transformado en un canal de propaganda y captación de combatientes.
De la consola al frente de batalla
El caso de dos jóvenes sudafricanos en 2024 ilustra cómo funciona este mecanismo. Aficionados a simuladores militares como Arma 3, fueron contactados en Discord por un reclutador que los llevó, paso a paso, desde chats informales hasta reuniones en el consulado ruso. En cuestión de semanas, habían firmado contratos con el ejército ruso y uno de ellos murió en combate en Ucrania. La historia expuso un circuito clandestino que aprovecha la confianza generada en comunidades de gaming para convertir jugadores en soldados.
El Kremlin no se limita a reclutar en comunidades existentes: también invierte en crear sus propios títulos. Bajo el Internet Development Institute (IDI), Rusia ha destinado miles de millones de rublos a videojuegos con narrativa patriótica. Juegos como Sparta, que glorifica operaciones del grupo Wagner en África, o Front Edge, que simula un choque directo con EE.UU., buscan normalizar la guerra y reforzar la identidad nacionalista entre jóvenes rusos.

África como laboratorio
La propaganda digital rusa también se proyecta hacia el exterior. Con African Dawn, una modificación del popular Hearts of Iron IV, Moscú promueve narrativas antioccidentales entre jóvenes africanos. El juego, lanzado en varios idiomas, presenta una coalición de países del Sahel enfrentando la influencia occidental, alineándose con el discurso ruso de resistencia al “neo-colonialismo”.
Más allá de su limitada base de jugadores, el objetivo es evidente: posicionar a Rusia como defensor de causas antioccidentales y ganar terreno en la batalla por las percepciones en África y más allá.
La estrategia rusa demuestra que los videojuegos son mucho más que entretenimiento: se han convertido en un campo de batalla de la guerra híbrida. Ignorar este frente significa dejar abierto un espacio donde Moscú puede reclutar combatientes, moldear percepciones y expandir su influencia.
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