- China registró en 2025 un aumento generalizado de su actividad militar aérea, naval y paramilitar en el Indo-Pacífico, con niveles récord alrededor de Taiwán y una mayor proyección operativa en aguas lejanas.
- El Ejército Popular de Liberación amplió la frecuencia y el alcance geográfico de sus despliegues, incluyendo ejercicios de fuego real, patrullas coercitivas y operaciones simultáneas de portaaviones fuera del entorno inmediato del territorio chino.
- Estas dinámicas se produjeron en paralelo a tensiones políticas con Taiwán, Filipinas y Japón, y a un escenario regional marcado por la competencia estratégica entre China y Estados Unidos.

El año 2025 consolidó un patrón de mayor presión militar china en el Indo-Pacífico, tanto en volumen como en complejidad operativa. De acuerdo con un relevamiento del ChinaPower Project del Center for Strategic and International Studies (CSIS), el Ejército Popular de Liberación (PLA, por sus siglas en inglés) sostuvo un ritmo elevado de actividades en el Estrecho de Taiwán, el Mar de China Meridional, las inmediaciones de Japón y, por primera vez de manera sistemática, más allá de la Primera Cadena de Islas.
El caso de Taiwán fue el más significativo en términos cuantitativos. Durante 2025, aeronaves chinas realizaron 3.764 incursiones en la Zona de Identificación de Defensa Aérea (ADIZ) taiwanesa, un incremento interanual superior al 22 % respecto de 2024. En paralelo, la presencia naval alrededor de la isla se mantuvo en un nuevo piso elevado, con un promedio mensual superior a las 220 unidades entre buques de la Armada china y embarcaciones oficiales. Este nivel de actividad no respondió a un único episodio puntual, sino a una continuidad de la presión iniciada tras la asunción del presidente taiwanés William Lai en mayo de 2024.

Ese esquema se vio reforzado por dos ejercicios militares de gran escala. En abril, el PLA llevó adelante las maniobras Strait Thunder-2025A, que incluyeron operaciones aéreas desde el portaaviones Shandong, ejercicios de coordinación aeronaval y simulaciones de ataques contra objetivos terrestres. En diciembre, el ejercicio Justice Mission-2025 amplió el alcance geográfico de las zonas de entrenamiento, simulando un escenario de bloqueo y cerco marítimo sobre Taiwán, con impactos directos en el tráfico aéreo regional y operaciones más cercanas a aguas territoriales taiwanesas que en años anteriores.
Expansión naval y coerción regional
En el Mar de China Meridional, China también alcanzó niveles récord de actividad. En 2025 se registraron al menos 163 operaciones militares informadas oficialmente, incluyendo 55 ejercicios de fuego real, la cifra más alta desde que existen registros comparables. La presión se concentró especialmente sobre Filipinas, aliado estratégico de Estados Unidos, aunque con un cambio de eje: las acciones más agresivas se desplazaron del Second Thomas Shoal hacia el Scarborough Shoal, donde la Guardia Costera china duplicó su presencia respecto del año previo.
Las tensiones con Japón siguieron una lógica similar de presión sostenida, aunque calibrada. Aumentó levemente la cantidad de despliegues navales chinos en aguas cercanas al archipiélago japonés y se intensificaron las operaciones de la Guardia Costera en torno a las islas Senkaku/Diaoyu, con patrullas más frecuentes y mejor armadas. Sin embargo, se redujeron las incursiones directas en aguas territoriales, lo que sugiere una estrategia de disuasión constante sin cruzar umbrales considerados altamente escalatorios.

Uno de los cambios más relevantes de 2025 fue la proyección de poder más allá de la Primera Cadena de Islas. La Armada china realizó operaciones inéditas en el Pacífico Sur, incluyendo ejercicios de fuego real en el mar de Tasmania, entre Australia y Nueva Zelanda, y despliegues de grupos de tarea avanzados con cruceros Tipo 055 y buques anfibios Tipo 075. A esto se sumó, por primera vez, la operación simultánea de dos grupos de portaaviones chinos en el Pacífico occidental, un salto cualitativo en términos de comando, control y logística.
Estas actividades se produjeron mientras China avanzaba en la incorporación de nuevas capacidades navales, como el portaaviones Fujian, y en la ampliación de su flota de escoltas de alta gama. En términos estratégicos, el mensaje es claro: el PLA busca normalizar su presencia en espacios marítimos cada vez más lejanos y reducir la brecha operativa con las armadas occidentales.

En contraste con esta expansión regional, la cooperación militar con Rusia mostró un descenso en cantidad de ejercicios conjuntos, aunque con desarrollos cualitativos novedosos, como la primera patrulla submarina combinada. Esto sugiere una priorización china de su entorno marítimo inmediato y del Indo-Pacífico ampliado, en detrimento de iniciativas simbólicas de alto volumen con Moscú.
De cara a 2026, el escenario permanece abierto. El incremento de la actividad militar china no implicó un conflicto directo, pero sí consolidó un nuevo estándar operativo que eleva el umbral de tensión en la región. La pregunta ya no es si China continuará ampliando su presencia militar en el Indo-Pacífico, sino cómo reaccionarán los actores regionales y extra regionales ante un equilibrio cada vez más inestable, con implicancias que exceden Asia y reconfiguran la seguridad global.
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