La primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, se jugará su futuro en unas elecciones anticipadas que convocó para el próximo domingo 8 de febrero. Los comicios llegan en medio de su postura confrontativa con China, a la par que la encuestas anticipan una importante victoria para la dirigente del Partido Liberal Democrático.

“Quiero que las personas elijan directamente si pueden confiarme la gestión del país a mí”, justificó la primera ministra cuando dio la noticia de la disolución de la Dieta legislativa y su llamamiento a elecciones anticipadas. Takaichi, quien asumió en octubre como la primera mujer en acceder a esta oficina tras un período de larga inestabilidad gubernamental dentro del PLD, fue clara: “Estoy poniendo mi futuro como primera ministra en la línea”.
La funcionaria ni siquiera esperó a la aprobación del presupuesto 2026 de Japón, que podría verse influenciado si las encuestas se traducen en realidad y Takaichi obtiene mandato popular para llevar adelante sus planes de aumento del gasto público y de Defensa. Según una encuesta publicada el último fin de semana por el medio Asahi Shimbun, el PLD probablemente pase el umbral de 233 escaños necesarios para una mayoría propia, partiendo de su base actual de 198. Si se tiene en cuenta la coalición junto a su actual socio, el Partido de la Innovación o Ishin, se proyecta que pasará de 300 escaños.
En medio de su postura confrontativa con China, la primera ministra de Japón se juega su futuro en elecciones anticipadas donde las encuestas anticipan una importante victoria
Detrás de esto se oculta lo que algunos analistas denominan “Sanakatsu” o “Sanamania“, un fervor de popularidad por la dirigente de 64 años impulsado mayormente por el segmento joven de la población japonesa. El seguimiento que buena parte de la sociedad nipona, la más envejecida del mundo, hace de la primera ministra se observa en datos que pueden parecer triviales, pero son la aspiración de muchos políticos como la alta demanda por el modelo de cartera con el que Takaichi se muestra, la viralización de su lapicera rosa o el aumento en las ventas de sus snacks favoritos.

La aprobación que una mayoría de la sociedad parece tener de Takaichi se evidencia también en su propio deseo de llamar a elecciones, algo que Japón realizó por última vez en octubre de 2024. Por entonces, bajo el liderazgo de Shigeru Ishiba, el PLD -formación que se ha encontrado en el poder casi de manera continua desde su fundación en 1955- tuvo una performance por debajo de las expectativas, que apuntaló la salida de la coalición de su socio de larga data, el partido centrista Komeito. El partido solo logró mantener su oficina sólo tras una alianza con el Ishin, que busca proyectar la influencia de la prefectura de Osaka en la escena nacional.
Desde su llegada al poder, la gestión de Takaichi se caracterizó por un mensaje confrontativo contra China, potencia a la que alienó luego de declarar ante la Dieta que una invasión sobre Taiwán sería una amenaza existencial para Japón que podría motivar la intervención de las Fuerzas Armadas niponas. Según la constitución pacifista firmada por el archipiélago tras la Segunda Guerra Mundial, el ejército nipón solo puede intervenir en caso de amenazas directas a la seguridad.

Esta declaración motivó una dura respuesta por parte de Pekín, que detuvo importaciones, llamó a sus turistas a no visitar el país vecino y realizó ejercicios militares (algunos en conjunto con las Fuerzas Armadas de Rusia) al límite de las aguas territoriales de Japón. Aunque el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, pidió a Takaichi que redujera las tensiones con la administración de Xi Jinping, la postura de fortaleza que la primera ministra quiso imprimir al estado que conduce parece haber caído bien con los votantes, que el próximo 8 de febrero tendrán ocasión de ratificar o no su rumbo.
Te puede interesar: Italia y Japón se asocian para cooperar estratégicamente en seguridad y reforzar la cadena de suministros tecnológica













