En virtud de su histórica reticencia en esta tematica, Brasil comezó a reconsiderar la opción de avanzar en negociaciones comerciales entre el Mercosur y China, en lo que podría representar un giro en la política exterior de la principal economía de América Latina. Altos funcionarios del gobierno brasileño de Lula da Silva indicaron que el país evalúa por primera vez la posibilidad de impulsar un acuerdo comercial parcial entre el bloque sudamericano y Pekín.

Previamente, durante años Brasil bloqueó negociaciones formales con China con el objetivo de proteger a su sector industrial frente al impacto de las importaciones chinas. Sin embargo, el gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva comenzó a revisar esa postura a la luz de un “nuevo escenario global”, atravesado por la imposición de aranceles estadounidenses y la necesidad de diversificar socios comerciales. Según funcionarios brasileños, un acuerdo parcial permitiría avanzar solo en determinadas líneas arancelarias, reduciendo los riesgos para la industria local.
Barreras no arancelarias, cuotas de importaciones y cuestiones aduaneras entre las consideraciones técnicas de la negociación
En este sentido, la posibilidad de avanzar en conversaciones fue respaldada por una declaración conjunta emitida durante la visita del presidente uruguayo Yamandú Orsi a Beijing, en la que se expresó la expectativa de que las negociaciones entre China y el Mercosur puedan comenzar “lo antes posible”. Aunque un tratado integral aún parece distante, funcionarios brasileños consideran que un entendimiento parcial es un resultado plausible a largo plazo.

Desde el plano técnico, las discusiones podrían centrarse en barreras no arancelarias, como cuotas de importación, procedimientos aduaneros y regulaciones sanitarias y de seguridad. De acuerdo con fuentes brasileñas, estos mecanismos por sí solos podrían generar aperturas en el mercado chino, aunque reconocen que se trata de negociaciones altamente complejas y sensibles, tanto a nivel económico como político.
No obstante, cualquier avance requeriría el consenso de todos los miembros del Mercosur, lo que plantea desafíos internos considerables. Paraguay, que mantiene relaciones diplomáticas con Taiwán, introduce una variable geopolítica delicada en el vínculo con China, aunque su presidente señaló que no se opone a un acuerdo siempre que se respete ese vínculo. Argentina, por su parte, prioriza el fortalecimiento de sus lazos con Estados Unidos, lo que podría limitar su respaldo a conversaciones lideradas por Pekín.
¿Qué podría implicar políticamente la decisión de Brasil?
Lo cierto es que el giro de Brasil hacia una mayor apertura a China en el marco del Mercosur puede leerse como una señal de autonomía estratégica frente a un sistema comercial internacional cada vez más fragmentado. En términos regionales, esta reorientación presenta el riesgo de tensionar el equilibrio interno del bloque, especialmente con Argentina y Estados Unidos.
Mientras Lula explora una diversificación de socios y acepta discutir acuerdos parciales con el gigante asiático, Javier Milei asume compromisos concretos de liberalización arancelaria y negociación sectorial con Trump, lo que profundiza una divergencia de estrategias externas dentro del Mercosur y debilita nuevamente su capacidad de negociación conjunta.
Desde una perspectiva estructural, ambos movimientos reflejan una competencia silenciosa por el anclaje externo del Cono Sur. El eventual acercamiento de Brasil a China podría fortalecer su perfil como socio clave de Pekín en Sudamérica y preservar márgenes de maniobra frente a presiones estadounidenses, mientras que el acuerdo argentino-estadounidense expone una relación más dependiente y con beneficios concentrados.
En ese contexto, el Mercosur enfrenta el riesgo de transformarse en un bloque crecientemente flexible —o incluso fragmentado—, donde los grandes socios priorizan agendas bilaterales divergentes, reduciendo la cohesión política y estratégica que en algún momento de la historia sostuvo su peso en la arquitectura comercial regional.
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