Comenzó la cuenta regresiva: queda menos de una semana para que el último tratado de control de armamentos nucleares entre Estados Unidos y Rusia expire y, por el momento, no hay señales de que Washington y Moscú lleguen a un acuerdo para extenderlo y evitar una carrera armamentística tal como ocurrió durante la Guerra Fría. Específicamente, el New START expira el próximo 5 de febrero y, sin él, no habría restricciones sobre los arsenales nucleares de largo alcance por primera vez desde que Richard Nixon y el líder soviético Leonid Brézhnev firmaron dos acuerdos en 1972 en el marco del primer viaje de un presidente estadounidense a Moscú.

El New START limita el número de ojivas nucleares desplegadas a 1.550 por bando. Además, establece un máximo de 700 sistemas para lanzarlas desde tierra, mar o aire, mediante misiles balísticos intercontinentales, lanzados desde submarinos o bombarderos pesados.
El presidente ruso Vladímir Putin ha propuesto que ambas partes extiendan el mismo por un año más para ganar tiempo y poder iniciar nuevas negociaciones. Pero el presidente estadounidense Donald Trump aún no ha respondido formalmente, a lo que se suma que el propio Putin detuvo las inspecciones mutuas en 2023 debido al apoyo estadounidense a Ucrania.
Las exigencias de Trump
Este mismo enero, Trump dijo que “si expira, caduca”, y que hay que remplazar el tratado por uno mejor. Para algunos políticos estadounidenses, Trump debe rechazar la oferta de Putin para que Washington pueda ampliar su arsenal y contrarrestar un rápido aumento del arsenal nuclear de China.
Trump dice que quiere perseguir la “desnuclearización” tanto con Rusia como con China ya que, según el Pentágono, Pekín tendrá más de 1.000 ojivas para 2030. Pero desde el Gigante Asiático afirman que es poco razonable esperar que se una a las conversaciones de desarme con dos países cuyos arsenales siguen siendo mucho mayores que el suyo.
Cabe recordar que, además de limitar los arsenales de ambas partes, el New START exige que se comparta información, un canal fundamental “para entender de dónde viene la otra parte y cuáles son sus preocupaciones y motivaciones”, dijo Darya Dolzikova en el think-tank RUSI en Londres.
Por lo tanto, sin un nuevo tratado, cada uno se vería obligado a actuar según las peores suposiciones sobre las armas que el otro produce, prueba y despliega.

Problemas de cara a futuro para el New START
El New START fue firmado en 2010 por el presidente estadounidense Barack Obama y el ruso Dmitry Medvedev. Pero, desde ese momento, Rusia ha desarrollado nuevos sistemas con capacidad nuclear —el misil de crucero Burevestnik, el hipersónico Oreshnik y el torpedo Poseidón— que quedan fuera del marco de New START. Por su parte, Trump ha anunciado planes para un sistema de defensa antimisiles “Cúpula Dorada” basado en el espacio.
Según una comisión bipartidista del Capitolio en 2023, Estados Unidos se enfrentaba ahora a un “desafío existencial” no de uno, sino de dos pares nucleares, y que debía estar preparado para guerras simultáneas con Rusia y China.
Sus recomendaciones incluían preparar la salida de algunas o todas las ojivas nucleares estratégicas retiradas bajo el Nuevo START y guardadas en un arsenal de reserva.
Esto podría implicar restaurar las ojivas retiradas de misiles balísticos intercontinentales Minuteman III y Trident D5 lanzados desde submarinos, y devolver a roles nucleares unos 30 bombarderos estratégicos B-52 convertidos para misiones convencionales.
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