- Rusia y Ucrania compran componentes de drones en las mismas fábricas chinas.
- Los insumos chinos son tres veces más baratos que los occidentales, lo que asegura su uso masivo.
- Beijing organiza visitas separadas para evitar que rusos y ucranianos coincidan, reflejando su neutralidad ambigua.

Una investigación del Financial Times expone cómo Rusia y Ucrania compran componentes para drones en las mismas fábricas chinas, desafiando sanciones y cuestionando la neutralidad de Beijing.
Dependencia compartida de fábricas chinas
El informe confirma que Rusia y Ucrania adquieren procesadores, cámaras y motores de los mismos fabricantes chinos, principalmente en Guangdong y Shenzhen. La razón es económica: los componentes chinos son hasta tres veces más baratos que los occidentales, lo que los convierte en insumos indispensables para sostener la producción masiva de drones.
Aleksandr Yakovenko, fundador de TAF Industries, relató que en sus visitas a fábricas chinas los gerentes organizaban su llegada y salida “al minuto y hasta al segundo”, incluso pidiéndole esperar en pasillos de servicio o salas vacías. Estas medidas buscaban evitar que coincidiera con delegaciones rusas en el mismo lugar.

Competencia silenciosa y neutralidad cuestionada
La investigación muestra cómo los proveedores chinos organizan visitas separadas para clientes rusos y ucranianos, asegurando que nunca se crucen. Este mecanismo refleja la ambigüedad de Beijing: oficialmente mantiene neutralidad y prohíbe exportar tecnología sensible, pero en la práctica sus fábricas sostienen a ambos bandos.
- Rusia, con mayor capacidad financiera, logra comprar líneas de producción completas para trasladarlas a su territorio.
- Ucrania depende en un 85% de componentes chinos para drones FPV básicos, aunque busca localización de producción.
Los drones se han convertido en el arma más decisiva de la guerra, responsables de tres cuartas partes de las bajas. El hecho de que ambos ejércitos dependan de los mismos proveedores chinos significa que el progreso tecnológico llega casi simultáneamente a ambos lados, manteniendo un equilibrio en la capacidad de despliegue. Esto desafía los esfuerzos occidentales por aislar a Rusia tecnológicamente y coloca a China como eje logístico silencioso de la guerra de drones.
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