Estados Unidos formalizó un giro en su política de defensa con la publicación de la National Defense Strategy 2026, un documento que establece el marco estratégico del Pentágono para los próximos años y redefine el equilibrio entre amenazas, regiones y recursos. La nueva estrategia consolida a la República Popular China como el principal competidor estratégico de largo plazo y propone un enfoque de disuasión basado en fortaleza militar, reducción de compromisos secundarios y mayor carga para los aliados, en un contexto de creciente rivalidad sistémica.

El texto, difundido por el Departamento de Defensa a comienzos de enero, se inscribe en la línea política de la Casa Blanca desde el regreso de Donald Trump al poder en 2025 y busca corregir lo que la administración define como “décadas de dispersión estratégica”. A diferencia de documentos previos, la estrategia prioriza explícitamente la defensa del territorio continental estadounidense y del hemisferio occidental, al tiempo que establece al Indo-Pacífico como el teatro decisivo para la competencia de poder global.

En el diagnóstico del entorno de seguridad, el Pentágono sostiene que China es el único actor con capacidad económica, tecnológica y militar para desafiar de manera integral los intereses estadounidenses. El documento subraya la velocidad y escala del crecimiento militar chino, en particular de sus fuerzas navales, aeroespaciales, cibernéticas y de misiles, y advierte que un eventual dominio de Pekín sobre el Indo-Pacífico tendría efectos directos sobre la economía global y la seguridad de Estados Unidos. En ese marco, Washington plantea la necesidad de impedir cualquier cambio del statu quo regional mediante una estrategia de “disuasión por negación”, apoyada en la Primera Cadena de Islas y en el fortalecimiento de alianzas clave.
China como eje, aliados bajo presión
Uno de los ejes centrales de la estrategia es la redefinición del vínculo con los aliados. Estados Unidos reafirma su compromiso con sus socios, pero condiciona ese respaldo a un aumento sustancial del gasto en defensa y a una mayor asunción de responsabilidades regionales. En Europa, el documento señala que la amenaza rusa es seria pero manejable y que los países de la OTAN cuentan con recursos económicos suficientes para liderar su propia defensa convencional, con apoyo estadounidense más limitado. En Asia, se espera que aliados como Japón, Corea del Sur y Australia desempeñen un rol más activo en la contención de China.

La estrategia también introduce un enfoque más restrictivo sobre el uso del poder militar fuera de las áreas consideradas vitales. El Pentágono advierte sobre el riesgo de conflictos simultáneos en múltiples teatros y plantea la necesidad de priorizar recursos, evitando compromisos prolongados que erosionen la preparación y la capacidad industrial. En ese sentido, la revitalización de la base industrial de defensa aparece como otro pilar clave, con inversiones en producción de armamento, inteligencia artificial y tecnologías críticas para sostener una competencia de alta intensidad.
Aunque el documento afirma que Washington no busca una confrontación directa con China ni un cambio de régimen, sí deja en claro que la relación estará marcada por la competencia estratégica y la negociación desde una posición de fuerza. La apertura a canales militares de comunicación con Pekín apunta a reducir riesgos de escalada, pero no altera el objetivo central de impedir que China alcance una posición hegemónica regional.
El cierre de la Estrategia de Defensa Nacional 2026 deja planteado un escenario de transición: un Estados Unidos que busca concentrar poder, redefinir prioridades y reordenar alianzas frente a un sistema internacional más fragmentado y competitivo. La implementación concreta de este giro, así como la respuesta de China y de los aliados tradicionales de Washington, será determinante para medir hasta qué punto este nuevo enfoque logra estabilizar el equilibrio estratégico o, por el contrario, acelera las tensiones en los principales escenarios de disputa global.
Te puede interesar: Estados Unidos redefine su política exterior para 2026–2030: soberanía, poder duro y repliegue del orden liberal













