- El video de la Brigada “Khartia” revela la presencia de argentinos en combates en Kupiansk.
- La participación se mueve en un vacío legal: voluntarios bajo contrato militar, acusados de mercenarismo por Rusia.
- Ucrania enfrenta su cuarto invierno bajo ataques rusos al sistema energético, con desgaste social y determinación política.
La 13ª Brigada “Khartia” de las Fuerzas Armadas de Ucrania difundió un video propagandístico en el que se muestran los rostros de su Compañía de Voluntarios Extranjeros durante combates en Kupiansk. La pieza expone combatientes de múltiples nacionalidades —argentinos, brasileños, colombianos, chilenos, mexicanos, polacos, suecos y estadounidenses— y transmite un mensaje político: Ucrania no está sola, su causa se legitima con apoyo internacional.
La presencia de argentinos en estas imágenes confirma un fenómeno ya documentado: la incorporación de nacionales a la Legión Internacional de Defensa Territorial de Ucrania, creada en 2022 para canalizar el ingreso de voluntarios extranjeros. Casos como el de Emmanuel “Coca” Vilte, fallecido en combate en 2024, o el despliegue de otro argentino en Pokrovsk en 2025, muestran que la participación nacional, aunque limitada, es real y con costos humanos.
En Argentina no existe una prohibición explícita de que ciudadanos se alisten en fuerzas extranjeras, pero tampoco un marco regulatorio que legitime esa acción. El Código Penal contempla el mercenarismo, definido como la participación en conflictos armados por beneficio económico directo y sin pertenecer a fuerzas regulares de un Estado.
La frontera entre voluntariado y mercenarismo es difusa. Moscú acusa a los extranjeros que combaten con Kiev de ser “soldados de fortuna”, mientras que Ucrania insiste en que son militares contratados bajo una estructura oficial. Este vacío legal abre interrogantes sobre la responsabilidad del Estado argentino frente a nacionales que deciden combatir en el exterior y sobre las consecuencias diplomáticas de su participación.

La difusión del video coincide con un contexto crítico: Ucrania enfrenta su cuarto invierno de guerra bajo ataques rusos al sistema energético. Moscú sostiene una campaña sistemática contra la infraestructura eléctrica y de calefacción, lo que impacta directamente en la población civil.
Analistas como Alina Rohach describen una “resiliencia forzada”: la vida en Kiev se organiza en función de apagones, calefacción intermitente y rutinas alteradas. Tras el ataque masivo del 9 de enero de 2026, amplias zonas de la capital quedaron sin electricidad ni calefacción durante días, con temperaturas exteriores de –15 °C. La frase que circula en la sociedad resume la carga simbólica: “Antes fue el hambre; ahora, la oscuridad y el frío”.
El video de la Brigada “Khartia” y el contexto energético muestran dos caras de la misma realidad: la guerra en Ucrania es hoy un conflicto internacionalizado y prolongado. Voluntarios extranjeros refuerzan la narrativa de apoyo global, mientras la población civil enfrenta el frío, los apagones y el desgaste psicológico de un conflicto sin final rápido.
Para Argentina, la exposición pública de sus ciudadanos en estos materiales convierte un fenómeno marginal en un asunto político y jurídico. Para Ucrania, es propaganda que legitima su resistencia y envía un mensaje de alcance geopolítico: la defensa de Kiev trasciende fronteras y convoca a ciudadanos de múltiples regiones del mundo.
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