El gobierno de Groenlandia elevó el tono de alerta ante la escalada de presiones de Estados Unidos: su primer ministro, Jens-Frederik Nielsen, afirmó que una invasión militar “no es probable, pero no puede descartarse”, y anunció medidas de preparación civil mientras Donald Trump insiste en que Washington debe controlar la isla por razones estratégicas. El mensaje, emitido desde Nuuk, refleja un deterioro acelerado del clima de seguridad en el Ártico y coloca a Groenlandia en el centro de una disputa que ya involucra a Europa y a la OTAN.

En una conferencia de prensa, Nielsen confirmó la creación de un grupo de trabajo interinstitucional para preparar a la población ante eventuales interrupciones de la vida cotidiana y adelantó nuevas guías oficiales, entre ellas la recomendación de contar con provisiones básicas para al menos cinco días. La advertencia se produjo mientras Trump difundía imágenes generadas por inteligencia artificial en las que aparece plantando una bandera estadounidense en la isla y reiteraba que “no hay vuelta atrás” en su intención de tomar control del territorio.
Groenlandia, con unos 57.000 habitantes, es parte del Reino de Dinamarca, aunque cuenta con autogobierno en casi todos los asuntos internos, salvo defensa y política exterior. En los últimos días, Copenhague desplegó más efectivos militares en la isla y, junto a otros siete países aliados, inició la Operación Arctic Endurance, que contempla el envío de oficiales y la ampliación de ejercicios militares bajo el Comando Ártico Conjunto danés.
Ártico estratégico, presión estadounidense y reacción europea
Las declaraciones del liderazgo groenlandés se producen en paralelo al Foro Económico Mundial, donde el futuro del Ártico se convirtió en un tema central. Allí, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, expresó su “plena solidaridad con Groenlandia y Dinamarca” y advirtió que la respuesta europea a eventuales aranceles estadounidenses sería “unida y proporcional”. Otros líderes europeos fueron más lejos y plantearon que la presión de Washington pone en cuestión la relación transatlántica tal como se la conocía.

Trump, por su parte, no solo mantuvo la retórica sobre la anexión, sino que amenazó con imponer aranceles del 10% a países europeos que están reforzando la seguridad de Groenlandia. La combinación de coerción económica y ambigüedad estratégica —al negarse a descartar explícitamente el uso de la fuerza— elevó la percepción de riesgo incluso entre aliados históricos de Estados Unidos.
Desde una perspectiva geopolítica, Groenlandia ocupa un lugar crítico: controla accesos entre el Atlántico Norte y el Ártico, se ubica en rutas navales que ganan relevancia por el deshielo y concentra recursos minerales estratégicos, incluidos varios considerados críticos para la transición energética y la industria tecnológica. En este contexto, la narrativa de Trump —que presenta a Dinamarca como incapaz de defender la isla frente a Rusia o China— busca legitimar una expansión de influencia estadounidense sin precedentes dentro del propio bloque occidental.
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