- La asamblea de la prefectura de Niigata aprobó reanudar operaciones en Kashiwazaki-Kariwa, el mayor complejo nuclear del mundo.
- El plan prevé reactivar primero una unidad de 1,36 GW dentro de un complejo que suma 8,2 GW, con la posibilidad de nuevas etapas más adelante.
- El reinicio se inserta en la estrategia de Japón para reducir la dependencia de combustibles fósiles importados y elevar la participación nuclear en su matriz hacia 2040.
Japón dio este lunes el paso político final para que Kashiwazaki-Kariwa, el mayor complejo nuclear del mundo, vuelva a operar. La señal llegó desde Niigata, donde la asamblea local respaldó con una votación decisiva al gobernador Hideyo Hanazumi, que había avalado el reinicio el mes pasado, y con ello habilitó el tramo final para que Tokyo Electric Power Co. (TEPCO) avance hacia la reactivación.
La central, ubicada a unos 220 km al noroeste de Tokio, quedó dentro del paquete de reactores apagados tras el terremoto y tsunami de 2011 que desencadenó el accidente en Fukushima Daiichi. Desde entonces, Japón reinició parte de su parque, pero Kashiwazaki-Kariwa se convirtió en un caso emblemático por dos motivos: su escala —es un “gigante” por capacidad instalada— y porque sería el primer reinicio gestionado por TEPCO desde Fukushima, un factor que sigue condicionando la percepción pública.
La votación en Niigata y el último obstáculo político
El respaldo legislativo expuso una comunidad dividida. Dentro del recinto, legisladores opositores cuestionaron que la decisión no refleje la voluntad de la población, mientras que afuera unas 300 personas se manifestaron con consignas contra la energía nuclear y en apoyo a Fukushima, en una postal que resume el núcleo del debate: seguridad y confianza versus costos energéticos y estabilidad del suministro.
Tras la votación, Hanazumi insistió en que el permiso político no clausura la discusión sobre seguridad, sino que la vuelve más exigente. Su mensaje buscó marcar un límite: habilitar el reinicio no equivale a “dar por resuelto” el trauma social de 2011, especialmente en una prefectura donde la aceptación pública no aparece consolidada.
Kashiwazaki-Kariwa tiene 7 reactores y una capacidad total de 8,2 GW, suficiente para abastecer a varios millones de hogares. El esquema que circula en Japón contempla que el retorno sea gradual: primero una unidad de 1,36 GW y, más adelante, nuevas incorporaciones en función de autorizaciones y condiciones operativas.
En paralelo, medios públicos japoneses informaron que TEPCO evalúa reactivar la primera unidad el 20 de enero como horizonte de trabajo, aunque la empresa evitó confirmar fechas cerradas. El punto importante, más allá del día exacto, es que el reinicio está entrando en una ventana operativa concreta, lo que obliga a la compañía a demostrar en hechos —y no solo en procedimientos— que puede gestionar el estándar de seguridad exigido tras Fukushima.
Resistencia social y déficit de confianza en TEPCO
El principal freno no es solo técnico o regulatorio: es político-social. Una encuesta difundida por la prefectura en octubre mostró que 60% de los residentes no considera que estén dadas las condiciones para reiniciar la planta, y cerca de 70% expresó preocupación por la capacidad de TEPCO para operarla. La memoria de Fukushima aparece aquí como variable activa, no como recuerdo histórico, y se traduce en un umbral de tolerancia al riesgo más bajo.
TEPCO intentó construir respaldo con un paquete económico: prometió invertir 100.000 millones de yenes durante diez años en Niigata. Aun así, testimonios como el de evacuados de Fukushima que se radicaron en la prefectura sostienen una objeción difícil de neutralizar con incentivos: el costo humano y psicológico de un accidente nuclear no se compensa con empleo o tarifas más bajas.
Por qué Japón vuelve a la energía nuclear
El reinicio de Kashiwazaki-Kariwa es leído en Tokio como un punto de inflexión porque encaja con un giro más amplio: energía nuclear como pilar de seguridad energética y de descarbonización en una economía con fuerte dependencia importadora. Japón ya reinició 14 de los 33 reactores que aún se consideran operables, y busca reducir el peso de combustibles fósiles que hoy explican entre 60% y 70% de la generación eléctrica.
A ese objetivo se suma una presión nueva: la expectativa de mayor demanda por el crecimiento de centros de datos y cargas asociadas a IA. En ese contexto, el gobierno plantea duplicar la participación de la energía nuclear hasta 20% en 2040, combinando la reactivación de unidades existentes con medidas de financiamiento público para afrontar costos de seguridad y extensión de vida útil.
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