Una partición de hecho de la Franja de Gaza —con una zona controlada por Israel, sujeta a reconstrucción, y otra bajo dominio de Hamás, estancada y devastada— es cada vez más probable, según múltiples fuentes diplomáticas citadas por Reuters. Los esfuerzos para avanzar en el plan impulsado por el presidente estadounidense Donald Trump, más allá del actual alto el fuego, están prácticamente congelados.
De acuerdo con seis funcionarios europeos con conocimiento directo de las negociaciones, la segunda fase del plan —que prevé la retirada adicional de tropas israelíes, el despliegue de una fuerza multinacional y la creación de una autoridad transicional en Gaza— está “de facto” paralizada. En la primera etapa, vigente desde el 10 de octubre, el ejército israelí controla alrededor del 53% del territorio de Gaza, incluidos sectores agrícolas clave, Rafah en el sur y partes de Ciudad de Gaza y otras áreas urbanas. El resto, donde se hacinan cerca de dos millones de personas en campamentos y ruinas, permanece bajo control de Hamás.
Una combinación de imágenes satelitales muestra obras de movimiento de tierras en curso en una instalación militar israelí, al este de la ciudad de Gaza, el 21 de septiembre de 2025, el 14 de octubre de 2025 y el 5 de noviembre de 2025.
Esa zona de separación, marcada en el terreno por grandes bloques de cemento amarillos y posiciones fortificadas, es la llamada “línea amarilla”. Sin una intervención política fuerte de Washington, esa línea podría convertirse en una frontera de facto que divida la Franja por años, advirtieron 18 fuentes consultadas por Reuters —incluidos los seis funcionarios europeos y un exfuncionario estadounidense familiarizado con las conversaciones.
El plan de Trump, encajonado
Sobre el papel, la etapa siguiente del plan contempla una retirada gradual israelí desde la línea amarilla, la instalación de una autoridad de transición para gobernar Gaza, el despliegue de una fuerza multinacional de seguridad que reemplace a las FDI sobre el terreno, el desarme de Hamás, y el inicio de un programa de reconstrucción amplio. No obstante, este esquema no incluye plazos concretos ni mecanismos operativos.
En la práctica, casi todos los supuestos están trabados, considerando que Hamás rechaza desarmarse, aunque ha dicho que estaría dispuesto a ceder el poder a una “entidad tecnocrática palestina” si se garantiza la reconstrucción en toda Gaza. A eso se suma que Israel se opone a que la Autoridad Nacional Palestina (ANP), con sede en Cisjordania, regrese a gobernar la Franja, pese a que europeos y árabes la ven como la opción más viable. Además, la fuerza multinacional no tiene voluntarios claros: varios diplomáticos reconocen que países europeos y árabes dudan en aportar tropas si la misión implica algo más que simple mantenimiento de paz y los expone a un choque directo con Hamás u otros grupos armados.
Estados Unidos llegó a redactar un proyecto de resolución del Consejo de Seguridad de la ONU para otorgar a esa fuerza multinacional y a la autoridad transicional un mandato de dos años. Pero, según una decena de diplomáticos, la falta de compromiso de gobiernos concretos para poner botas sobre el terreno mantiene a la iniciativa en el plano teórico.
Una reconstrucción “selectiva” en la zona israelí
Mientras la arquitectura política está empantanada, en Washington ya se discuten opciones que podrían consolidar una Gaza partida en los hechos. El vicepresidente JD Vance y Jared Kushner deslizaron que los fondos de reconstrucción podrían comenzar a fluir sólo hacia el área controlada por Israel, incluso sin haber avanzado formalmente a la segunda fase del esquema. La idea sería crear “zonas modelo” donde algunos gazatíes puedan reasentarse bajo condiciones de seguridad estrictamente controladas.
Analistas advierten que este tipo de propuestas corre el riesgo de “congelar” la fragmentación actual y transformarla en un orden duradero: una Gaza “útil”, reconstruida y bajo tutela israelí e internacional, y otra Gaza empobrecida y marginal, bajo la sombra de Hamás. El propio ejército israelí, en paralelo, consolida posiciones en torno a la línea amarilla: fortificaciones sobre montículos de escombros, nuevos asfaltados y puestos defensivos que le dan profundidad táctica y vigilancia sobre la frontera interna. Voceros militares aseguran que el objetivo es impedir infiltraciones y que Israel está dispuesto a retroceder más allá de la línea una vez que Hamás se desarme y exista una fuerza internacional en funciones.
Para la población gazatí, casi totalmente dependiente de ayuda humanitaria y sin refugios adecuados, una partición de facto profundizaría la catástrofe: fracturaría el tejido social, consolidaría desplazamientos internos y dificultaría aún más cualquier proyecto de Estado palestino viable que integre Gaza y Cisjordania. Por ahora, sin un giro de Estados Unidos —único actor con capacidad real de presionar a Israel y de estructurar una coalición para la fuerza multinacional—, el escenario que se impone es el de una paz incierta, un alto el fuego frágil y una Franja de Gaza dividida.
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