En una decisión que marca un punto de inflexión en el prolongado conflicto en la Franja de Gaza, el gabinete de seguridad de Israel aprobó la noche del jueves un plan para avanzar con la toma militar de Gaza. La medida, impulsada por el primer ministro Benjamin Netanyahu, representa una nueva fase ofensiva en una guerra que ya lleva 22 meses, ha dejado más de 60.000 muertos en el enclave palestino y mantiene aún a 50 rehenes en manos de Hamás, de los cuales solo 20 se cree que siguen con vida.
La operación, que se estima requerirá siete meses y la movilización de 200.000 reservistas, contempla la evacuación obligatoria de unos 800.000 civiles hacia el sur del enclave antes del 7 de octubre de 2025 —fecha simbólica que marca el segundo aniversario del ataque de Hamás que dio inicio al conflicto actual—. La toma de Gaza, según el gobierno israelí, busca “derrotar a Hamás” y consolidar el control de seguridad israelí en toda la Franja.
Una operación controvertida y con fuertes críticas internas e internacionales
La ofensiva no solo ha generado rechazo en los organismos internacionales, sino que también provocó un quiebre dentro del propio gobierno israelí. El jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), teniente general Eyal Zamir, se opuso abiertamente a la maniobra, advirtiendo que pone en grave riesgo la vida de los rehenes y puede llevar a un desastre humanitario irreversible.
“La ocupación total de Gaza podría llevar uno o dos años. En las condiciones actuales, no podemos garantizar la integridad de los rehenes ni de nuestras propias fuerzas”, expresó Zamir, según filtraciones citadas por medios israelíes. Sin embargo, su propuesta alternativa fue rechazada por una mayoría de ministros, que respaldaron el plan de Netanyahu por considerarlo la única vía para desarticular a Hamás.
Organizaciones de familiares de rehenes protagonizaron masivas protestas en Tel Aviv y Jerusalén luego del anuncio, denunciando que la decisión “sacrifica a sus seres queridos” en favor de una escalada militar. El grupo islamista Hamás, por su parte, afirmó que Israel “ha renunciado a cualquier intento real de negociación” y que “una mayor agresión solo provocará más resistencia”.
Un conflicto de alta complejidad política y geopolítica
Israel controla actualmente el 75% del territorio de Gaza. Las zonas restantes, incluyendo Gaza City y varios campamentos centrales, permanecían hasta ahora fuera del alcance de las tropas por temor a represalias sobre los rehenes. Netanyahu declaró públicamente que su intención es tomar el control de toda la Franja, aunque el comunicado oficial evitó utilizar el término “ocupación” por razones legales.
Los cinco principios aprobados por el gabinete para dar por finalizada la guerra incluyen: desarme completo de Hamás, liberación de todos los rehenes, desmilitarización total de Gaza, control de seguridad por parte de Israel y la exclusión tanto de Hamás como de la Autoridad Palestina en el futuro gobierno civil del enclave. Sin embargo, estos lineamientos han sido rechazados por múltiples actores internacionales y complican la posibilidad de una solución política duradera.
En su entrevista con Fox News, Netanyahu afirmó que tras la operación se buscará entregar el control a “fuerzas árabes” no identificadas, aunque varios países del Golfo han condicionado cualquier participación a que la Autoridad Palestina tenga un rol protagónico en la posguerra.
Nuevos esfuerzos diplomáticos y tensiones con aliados
Mediadores de Qatar y Egipto trabajan contrarreloj en un nuevo marco de negociación que incluiría la liberación simultánea de todos los rehenes, vivos y muertos, a cambio del fin de la guerra y el retiro de las fuerzas israelíes. La propuesta contempla la creación de un comité árabe-palestino para gestionar la transición y la reconstrucción, junto con una nueva fuerza policial entrenada por aliados de Estados Unidos. Aún no está claro qué rol jugaría la Autoridad Palestina en este esquema.
Mientras tanto, el embajador estadounidense Steve Witkoff aseguró a familias de rehenes que Israel ahora apunta a un acuerdo de “todo o nada”, lo que supone un cambio en la estrategia negociadora. La Casa Blanca aún no se ha pronunciado oficialmente, pero la creciente presión interna y externa empieza a aislar diplomáticamente a Israel.
Uno de los gestos más significativos fue el anuncio del canciller alemán Friedrich Merz, quien confirmó que Alemania suspenderá toda exportación de equipamiento militar que pueda ser usado en Gaza “hasta nuevo aviso”, en respuesta directa al plan de ocupación. “El endurecimiento de la acción militar israelí vuelve cada vez más difícil imaginar cómo se alcanzarán los objetivos de seguridad y liberación de rehenes”, declaró Merz.
Una crisis humanitaria en curso
La ONU advirtió que una ofensiva de esta magnitud agravará el colapso humanitario ya existente en Gaza. Las imágenes satelitales muestran ciudades reducidas a escombros, infraestructura crítica destruida y una población desplazada y hambrienta que sobrevive con ayuda aérea.
El hospital Nasser reportó al menos 42 muertos en las últimas 24 horas, incluidos 13 palestinos que intentaban acceder a alimentos en una zona militar controlada por Israel. La Franja, cercada y con acceso restringido, enfrenta niveles de inseguridad alimentaria similares a los de una hambruna, con miles de personas peleando por la ayuda lanzada desde el aire.
Israel asegura que ampliará los puntos de distribución de ayuda humanitaria —de 3 a 16— a través de la Fundación Humanitaria para Gaza (GHF), respaldada por Washington, aunque organizaciones no gubernamentales denuncian severas limitaciones para operar en el terreno.
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