A seis meses de las elecciones presidenciales en Brasil, el escenario político comienza a configurarse en torno a una nueva reedición de la polarización que ya marcó los comicios de 2022. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva, en busca de la reelección, enfrenta el desafío que representa Flávio Bolsonaro, figura emergente dentro del espacio construido por Jair Bolsonaro, cuyo capital político demuestra capacidad de resiliencia incluso tras los reveses judiciales de su líder.

En este contexto, dialogamos con Vinicius de Souza Mendes, investigador de la Universidad de São Paulo, sobre estos dos proyectos de país claramente diferenciados compiten por el control del poder: el lulismo, encarnado por Lula da Silva, y el bolsonarismo, identificado con la figura de Jair Bolsonaro. Surgen algunas preguntas claves: ¿Cómo se construyen, desde la sociedad, el lulismo y el bolsonarismo? ¿Qué representa hoy cada proyecto político para el votante brasileño promedio? ¿Por qué la disputa entre lulismo y bolsonarismo sigue ordenando la política en Brasil?
Escenario Mundial: Para empezar, ¿cómo definirías al lulismo en cuanto proyecto político en Brasil?
Vinicius de Souza Mendes: El lulismo es un proyecto político centrado en poner énfasis en las poblaciones más vulnerables, en los sectores más pobres. Se trata de implementar políticas públicas orientadas a la reducción de la pobreza, como Bolsa Familia o Luz para Todos. Básicamente, implica redistribuir recursos desde los sectores más ricos y las clases medias hacia los más necesitados.
Es un modelo que se llevó adelante con muchos conflictos políticos, pero que consolidó la idea de un Estado activo, con un rol claro en la mejora de las condiciones de vida de los sectores más postergados. Lula encarna además un liderazgo carismático que refuerza esa visión. Sin embargo, este modelo divide al país, ya que hay una parte de la sociedad que critica estas políticas porque considera que generan dependencia del Estado, mientras que otra parte las defiende como herramientas indispensables para garantizar condiciones mínimas de vida.
Escenario Mundial: ¿Y cómo se diferencia eso del bolsonarismo?
Vinicius de Souza Mendes: El bolsonarismo es algo completamente distinto y, en muchos sentidos, inédito en la historia de Brasil. Ni siquiera figuras históricas como Getúlio Vargas lograron construir algo similar. Más que un proyecto político tradicional, el bolsonarismo funciona como una forma de ver el mundo, una especie de “lente” a través del cual una parte importante de la sociedad interpreta la realidad. Está presente en lo cotidiano, es decir, en la calle, en el trabajo, en las relaciones sociales.

Es una ideología que atraviesa la vida diaria, desde una discusión en un supermercado hasta la manera en que las personas entienden la política doméstica, internacional en algunos casos, el orden social o los roles de género. Por eso digo que no necesita necesariamente estar en el poder para existir, ya está instalado en la sociedad.
Escenario Mundial: ¿Dirías entonces que Brasil hoy es un país bolsonarista?
Vinicius de Souza Mendes: En gran medida, sí. Creo que al menos un tercio del país adopta esa perspectiva de manera clara. Y eso es clave, ya que el bolsonarismo no depende exclusivamente de una figura o de un cargo institucional, sino de una cultura política instalada.
Esto se refleja incluso en fenómenos sociales, como el aumento de la violencia de género o la redefinición de roles tradicionales, que muestran una radicalización en ciertos valores.
Escenario Mundial: Mencionabas antes a la familia Bolsonaro. ¿Qué rol juega en este esquema político?
Vinicius de Souza Mendes: La familia Bolsonaro es central, pero con matices. Cada hijo tiene un perfil distinto: Eduardo Bolsonaro es el más radical, con posiciones muy duras y vínculos internacionales, especialmente con Estados Unidos. Mientras que Carlos Bolsonaro tiene menos interés en la política, participa más por una cuestión familiar. Y por último, Flávio Bolsonaro es el más moderado y político en términos tradicionales.

Pensar en un Bolsonaro como candidato —por ejemplo Flávio— puede ser una estrategia inteligente porque permitiría captar tanto al votante duro del bolsonarismo como a sectores más moderados que rechazan un nuevo gobierno de Lula.
Escenario Mundial: Hay un punto interesante en esta elección, los indicadores macroeconómicos bajo Lula no son negativos. ¿Por qué entonces existe rechazo? ¿Por los años de permanencia del líder del PT en el poder?
Vinicius de Souza Mendes: No creo que el problema sea la permanencia en el poder en sí misma. En democracia, si la sociedad quiere que un líder continúe, puede hacerlo.
Sin embargo, hay un desgaste evidente. El PT ha estado en el poder durante muchos años —sumando los gobiernos de Lula y Dilma— y eso genera cansancio, incluso dentro de sectores de izquierda que no ven surgir nuevos liderazgos. Además, hay problemas concretos como inflación en alimentos, aumento del costo de vida, endeudamiento de las familias. Aunque haya políticas sociales funcionando, esas tensiones impactan en la percepción cotidiana.
Escenario Mundial: ¿Y qué pasa con figuras como Fernando Haddad? ¿Puede ser una alternativa dentro del PT?
Vinicius de Souza Mendes: Haddad es muy respetado en los mercados, en el sistema financiero y entre las élites. Es visto como un perfil técnico, racional, con capacidad de diálogo. Pero tiene un problema clave, y es que no conecta con los sectores populares, que son los que definen las elecciones en Brasil. Sin ese vínculo, es muy difícil que pueda ganar.
Escenario Mundial: ¿Qué tan determinante es el voto regional en Brasil? El Partido de los Trabajadores (PT) enfrenta un escenario preocupante en el nordeste del país, su principal bastión electoral, debido al bajo desempeño de gobernadores en estados clave como Bahía y Ceará. Esta situación genera inquietud de cara a las elecciones, especialmente considerando que en 2022 la región fue decisiva para la victoria de Luiz Inácio Lula da Silva, aportándole una ventaja de 12 millones de votos frente a Jair Bolsonaro, muy por encima del margen nacional.
Vinicius de Souza Mendes: Es fundamental. El nordeste brasileño es decisivo en las elecciones. Es una región con mayores niveles de pobreza y donde las políticas sociales tienen más impacto. Históricamente, el PT gana elecciones gracias a su desempeño allí. Pero incluso en esa región hoy hay tensiones, especialmente por el aumento del costo de vida y el endeudamiento.
A esto, desde Escenario Mundial agregamos que casos como Ceará y Bahía reflejan esta fragilidad y tensiones que menciona Vinicius. La baja popularidad de los gobernadores y la posible reconfiguración de candidaturas —incluyendo el eventual regreso de figuras como Camilo Santana o la irrupción opositora de Ciro Gomes— anticipan disputas más ajustadas.
Ante este panorama, el gobierno federal busca reforzar su apoyo en la región mediante medidas económicas y sociales, con el objetivo de preservar al nordeste como base clave para una eventual reelección presidencial en 2026. El desafío central del PT es sostener ese caudal electoral en un contexto de desgaste político y creciente competitividad.
Escenario Mundial: ¿Creés que las elecciones volverán a estar polarizadas como en 2022?
Vinicius de Souza Mendes: Sí, claramente. Brasil está estructurado en dos grandes narrativas: lulismo y bolsonarismo. Hay intentos de construir una tercera vía, pero no logran consolidarse. Además, hacer campaña en Brasil es extremadamente caro y complejo por la dimensión territorial. Eso limita mucho las posibilidades de candidatos alternativos.
Escenario Mundial: ¿Por qué el lulismo no logró consolidarse como una “forma de vida” o de entender la vida política y social, como sí ocurrió con otros movimientos en la región?
Vinicius de Souza Mendes: Es una excelente pregunta. Si miramos América Latina: el chavismo en Venezuela, el masismo en Bolivia y el peronismo en Argentina, todos lograron convertirse en identidades sociales, en formas de interpretar la realidad cotidiana. El lulismo no. Nunca llegó a ese nivel de penetración cultural. En cambio, el bolsonarismo sí lo hizo, y eso es lo paradójico. En Brasil, esa transformación cultural profunda la logró un movimiento de derecha.
Escenario Mundial: Entonces, ¿Bolsonaro representa mejor al brasileño promedio actual?
Vinicius de Souza Mendes: En cierto sentido, sí. Así como Lula representó a Brasil en su momento, hoy Bolsonaro refleja más al brasileño medio en términos culturales y sociales. Es un ejercicio interesante, pensar si el líder político se parece a la sociedad de su tiempo. En ese sentido, Bolsonaro encaja bastante con el Brasil actual.

Escenario Mundial: Para cerrar, ¿cómo describirías la sociedad brasileña hoy?
Vinicius de Souza Mendes: Brasil es un país complejo. Hay una idea extendida de que es un país alegre, pero también es profundamente desigual y violento. Hay un concepto muy interesante desarrollado por el sociólogo Sérgio Buarque de Holanda: el “hombre cordial”. El brasileño puede ser amable y cálido, pero al mismo tiempo profundamente conservador y, en ciertos contextos, violento. Esta dualidad ayuda a entender el terreno fértil sobre el que se desarrolla la actual disputa política y por qué fenómenos como el bolsonarismo pueden crecer en una sociedad que, en apariencia, parece tan abierta.
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