Donald Trump abrió este lunes un nuevo frente de confusión sobre la guerra con Irán al afirmar que Washington mantuvo en las últimas 48 horas conversaciones “muy buenas y productivas” con Teherán, con “puntos mayores de acuerdo”, y que por eso ordenó postergar por cinco días los ataques que había amenazado lanzar contra centrales eléctricas e infraestructura energética iraní.

La versión iraní fue exactamente la opuesta. Mientras Trump sostuvo que sus enviados Steve Witkoff y Jared Kushner hablaron con interlocutores iraníes y que un acuerdo podría llegar “muy pronto”, el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Baqer Qalibaf, aseguró públicamente que no hubo negociaciones con Estados Unidos. A eso se sumaron reportes de medios y agencias semioficiales iraníes que negaron incluso contactos indirectos.
La contradicción no es menor porque llega justo después de que Trump elevara la presión con un ultimátum sobre el Estrecho de Ormuz. El sábado había advertido que destruiría la red eléctrica iraní si Teherán no reabría el paso marítimo en 48 horas; este lunes, sin embargo, anunció una pausa y la presentó como resultado de una vía diplomática en marcha. Reuters señaló que el giro coincidió con amenazas iraníes de represalias contra infraestructura energética regional y con un fuerte alivio inmediato en los mercados, donde el petróleo cayó y las bolsas reaccionaron al alza ante la posibilidad de una desescalada.
Trump, además, evitó identificar con precisión a su contraparte. Dijo que Estados Unidos no estaba hablando con el líder supremo Mojtaba Khamenei, sino con “el hombre que creo que es el más respetado y el líder”, una frase que alimentó todavía más las especulaciones sobre quién concentra hoy el mando real en Irán en plena guerra. Reuters reportó que, según un funcionario israelí no identificado y otra fuente al tanto del asunto, Qalibaf sería el canal iraní más probable; incluso se mencionó la posibilidad de un encuentro en Islamabad con mediación de Egipto, Turquía y Pakistán.
Sin embargo, ahí aparece la segunda capa de las “versiones encontradas”. Aunque Qalibaf negó en público cualquier negociación, otros reportes sugieren que en Teherán no todos están cerrando completamente la puerta a una instancia de contactos. Un seguimiento del Wall Street Journal indicó que el vocero de la cancillería iraní rechazó que ya hubiera negociaciones, pero admitió que Washington envió mensajes recientes y sostuvo que las condiciones iraníes para terminar la guerra siguen sin cambios. Esa ambigüedad sugiere que, más que un proceso diplomático ordenado, lo que existe por ahora sería una combinación de tanteos, intermediarios y mensajes cruzados.

Lo que sí parece firme es que ninguno de los dos lados quiere aparecer como el que cede primero. Trump busca mostrar que todavía conserva la iniciativa militar y diplomática al mismo tiempo: congela ataques, habla de “casi todos” los puntos acordados y vende la idea de un acuerdo inminente. Irán, en cambio, intenta evitar cualquier imagen de capitulación y por eso niega conversaciones, presenta la pausa estadounidense como una retirada y vincula el cambio de tono de Washington al temor por el impacto energético y financiero de una escalada mayor.
Por eso, más que una negociación consolidada, lo que hoy aparece es una batalla por el relato en paralelo a la guerra. Estados Unidos dice que habla y que avanzó; Irán responde que no habla y que fue Trump quien retrocedió. Entre ambas versiones, lo único concreto es que los ataques contra la infraestructura energética iraní quedaron en pausa por cinco días y que, detrás del ruido público, distintos actores regionales y externos siguen intentando abrir una salida antes de que el conflicto vuelva a escalar.
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