. Ucrania confirmó el empleo de misiles ATACMS para golpear un puesto de mando ruso y objetivos logísticos en Donetsk y Zaporiyia.
. El uso del sistema de largo alcance, lanzado desde HIMARS, vuelve a escena de forma excepcional y apunta a degradar coordinación y abastecimiento ruso detrás del frente.

Las Fuerzas de Armadas de Ucrania informaron que utilizaron misiles estadounidenses ATACMS en una serie de ataques nocturnos contra puestos de mando, depósitos de municiones e instalaciones logísticas rusas en territorios ucranianos ocupados. Según el Estado Mayor, uno de los blancos principales fue un puesto de mando auxiliar del 5.º Ejército ruso en cercanías de Novopetrivka, en la región de Donetsk.
El parte militar ucraniano indicó además impactos sobre un depósito logístico vinculado al centro ruso “Rubicon” cerca de Vasylivka, y sobre depósitos de municiones y suministros en Pryazovske y Oleksandrivka, junto a una instalación de mantenimiento y reparación alcanzada cerca de Yakymivka, en la región de Zaporiyia. La magnitud del daño, agregaron, continúa bajo verificación.
ATACMS es un misil balístico táctico provisto por Estados Unidos, con alcance máximo de hasta 300 kilómetros, disparado desde lanzadores HIMARS o MLRS, una combinación diseñada para atacar objetivos de alto valor en profundidad. El empleo de este vector volvió a destacarse por su carácter poco frecuente en los últimos meses, asociado a stocks limitados y a un uso selectivo para blancos de mando, logística y apoyo operativo.
Golpes en profundidad para desorganizar mando y abastecimiento
La selección de objetivos sugiere una intención clara: reducir la capacidad rusa de sostener operaciones mediante la degradación de coordinación, reaprovisionamiento y reparación lejos de la línea de contacto. En el plano táctico, los puestos de mando condicionan la velocidad de decisión y la continuidad del control; en el plano operativo, los depósitos y nodos logísticos definen la capacidad de mantener presión sostenida.

El uso de ATACMS también se inscribe en una tendencia ucraniana de atacar infraestructura crítica detrás del frente cuando dispone de medios de alcance suficiente, buscando obligar a Rusia a dispersar activos, mover centros de mando y ampliar su necesidad de protección antimisil en retaguardia. Esa dinámica tiende a estirar líneas logísticas y a encarecer la operación para Moscú, incluso si el daño material puntual no es decisivo por sí solo.
En términos políticos-militares, estos ataques vuelven a poner en primer plano el debate sobre restricciones y empleo: Ucrania recibió ATACMS en versiones iniciales en 2023, y posteriormente modelos mejorados; además, el margen de uso se amplió cuando Washington flexibilizó límites para atacar objetivos militares en territorio ruso. Aunque este episodio se reporta en territorios ocupados, el antecedente amplía el mapa de presión potencial.
La incógnita inmediata es doble: si Ucrania podrá sostener un ritmo de ataques en profundidad con munición limitada y, del otro lado, cuánto reacomodará Rusia su arquitectura de mando y depósitos para reducir vulnerabilidad. Con el frente aún activo y la retaguardia cada vez más disputada, los próximos días darán señales sobre si estos golpes abren una campaña sostenida o quedan como una demostración puntual de capacidad en un momento de alta tensión.
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