El jefe del Estado Mayor General del Ejército del Reino Unido, Sir Roly Walker, advirtió que su país se encuentra en “curso de colisión inevitable” con Rusia, independientemente de si Moscú resulta vencedor o derrotado en el conflicto en Ucrania.

En este sentido, el diario británico Daily Mail, compartió las declaraciones de Walker donde sostuvo que el Kremlin no solo mantiene su esfuerzo bélico activo, sino que además estaría reconstruyendo sus capacidades militares con el objetivo de consolidar unas fuerzas armadas “más grandes y letales”, lo que podría traducirse en una amenaza directa para el equilibrio estratégico occidental en el mediano plazo.
Paralelamente a las afirmaciones del mando militar británico, se producen las advertencias del presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, quien señaló que Moscú se estaría preparando para un conflicto de mayor escala. Desde esta perspectiva, el respaldo militar sostenido por parte de Londres se presenta como un componente clave dentro de la arquitectura de disuasión de la OTAN frente a la expansión de la influencia rusa.
Políticamente hablando, el primer ministro británico Keir Starmer reafirmó el compromiso de su gobierno de apoyar a Kiev “el tiempo que sea necesario”, al tiempo que acusó al presidente ruso Vladimir Putin de obstaculizar los esfuerzos diplomáticos orientados a alcanzar un acuerdo de paz.
En este marco, las negociaciones en curso contemplan, entre otros puntos, la eventual cesión de territorios disputados como las regiones de Donetsk y Lugansk, así como la península de Crimea, actualmente bajo control ruso. No obstante, estas condiciones continúan siendo objeto de fuertes resistencias dentro del liderazgo político ucraniano, pese al desgaste acumulado luego de cuatro años de enfrentamientos de alta intensidad.
En este escenario, el resultado del conflicto podría redefinir no sólo la arquitectura de la seguridad europea, sino también las dinámicas de poder global entre Rusia y el bloque occidental, incrementando el riesgo de una confrontación directa entre Moscú y miembros de la alianza atlántica en el largo plazo













