- La guerra en Ucrania está obligando a ejércitos occidentales a tratar los drones pequeños como material consumible y no como equipamiento estratégico de alto valor.
- Oficiales del Ejército de Estados Unidos y del Reino Unido admiten que el combate moderno exige enviar grandes volúmenes de drones, asumiendo pérdidas masivas como parte del costo operativo.
- La experiencia ucraniana demuestra que, aun con altas tasas de fallas, los drones siguen siendo más rentables que el uso de misiles tradicionales y reducen el riesgo para el personal.

La guerra en Ucrania está generando un cambio doctrinario profundo en las fuerzas armadas occidentales: los drones pequeños ya no deben considerarse activos “preciados”, sino herramientas descartables, más cercanas a la lógica de la munición que a la de un sistema sofisticado que debe preservarse.
El conflicto ha demostrado que el empleo masivo de drones, especialmente en entornos saturados por guerra electrónica, implica aceptar que una proporción significativa será derribada, interferida o simplemente fallará antes de alcanzar su objetivo. Sin embargo, incluso con esas pérdidas, la ecuación costo-beneficio sigue siendo favorable frente a sistemas tradicionales.
De activo estratégico a recurso consumible
Oficiales del Ejército de Estados Unidos reconocen que el cambio cultural es significativo. En el pasado, la pérdida de un dron era considerada un evento grave que escalaba rápidamente a niveles superiores de mando. Hoy, el aprendizaje derivado de Ucrania apunta a normalizar esas pérdidas.
En el frente ucraniano, los drones “caen todo el tiempo”. Muchos son neutralizados por interferencias electrónicas, otros son derribados, y una parte considerable simplemente no logra impactar en su blanco. Informes británicos estimaron que entre el 60% y el 80% de los drones FPV ucranianos no alcanzan su objetivo, dependiendo del sector del frente y la pericia del operador.

Aun así, Ucrania sostiene que alrededor del 80% de sus ataques se ejecutan mediante drones, una cifra que refleja hasta qué punto estos sistemas se han convertido en el eje de la guerra táctica contemporánea.
Entrenamiento adaptado a la realidad del campo de batalla
El Ejército británico también modificó su entrenamiento para reflejar esta lógica. Unidades que antes protegían los drones como equipos delicados ahora los utilizan en ejercicios donde se acepta que puedan dañarse o destruirse.
El patrón, según oficiales británicos, se repite cada vez que surge una nueva tecnología militar: en un primer momento se centraliza su uso y se limita a operadores específicos; con el tiempo, se descentraliza y se integra plenamente a la maniobra táctica. Eso es exactamente lo que está ocurriendo con los drones.
La doctrina emergente sostiene que no se puede entrenar de forma realista si no se asume que estos sistemas se perderán en combate. Incluso los modelos reutilizables tienen una vida útil limitada en un entorno de alta intensidad.
Una lección estratégica para Occidente
Veteranos que combatieron en Ucrania señalan que los ejércitos de la OTAN estaban acostumbrados a tratar los drones como sistemas costosos, con procesos burocráticos estrictos para su uso. Esa mentalidad, propia de tiempos de paz o conflictos de baja intensidad, no se adapta a una guerra convencional a gran escala.

La experiencia ucraniana muestra que drones de unos pocos cientos o miles de dólares pueden destruir equipamiento valorado en millones. Aunque muchos fallen, el costo total sigue siendo inferior al empleo de misiles guiados o munición de precisión tradicional.
El Departamento de Defensa estadounidense ya comenzó a incorporar esta lógica en sus cursos y manuales. La idea de considerar los drones pequeños como “consumibles” representa un giro doctrinario relevante, con implicancias en producción industrial, logística y planificación operativa.
Más allá del teatro ucraniano, la conclusión es clara: en un escenario de guerra de alta intensidad, saturado por sensores y guerra electrónica, la superioridad no se logra preservando cada plataforma, sino produciendo y desplegando en masa sistemas baratos, flexibles y reemplazables. Ucrania no solo está combatiendo con drones; está redefiniendo cómo deben pensarse.
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