- El informe International Security and Estonia 2026 advierte que Rusia sigue considerando a Estados Unidos como su enemigo número uno, pese a gestos de aparente acercamiento.
- La Estrategia de Seguridad Nacional de la Casa Blanca habla de “estabilidad estratégica”, mientras Rusia y China profundizan su cooperación contra Occidente.
- La propaganda rusa enmarca la guerra en Ucrania como una “lucha civilizacional” contra el mundo occidental, liderada por Washington.

El informe International Security and Estonia 2026 subraya que, pese a gestos de aparente acercamiento, Moscú continúa considerando a Estados Unidos como su principal adversario global. La llamada “tregua ilusoria” en las conversaciones bilaterales sobre Ucrania no implica una reducción de la amenaza, sino una táctica para ganar tiempo y ventajas estratégicas.
Según la inteligencia estonia, Vladimir Putin busca dos metas claras:
- Atar intereses de Washington y Moscú, generando dependencia mutua.
- Explotar las grietas entre EE.UU. y Europa, debilitando la cohesión transatlántica.
En este marco, cualquier intento de normalización es visto como una oportunidad para facilitar espionaje, operaciones de influencia y el movimiento de bienes sancionados.

La Estrategia de Seguridad Nacional publicada en diciembre no define explícitamente a Rusia como amenaza, sino que habla de “estabilidad estratégica”. Algunos analistas interpretan esta postura como un intento de aplicar el “reverse Kissinger”: acercar a Moscú para aislar a Pekín. Sin embargo, tanto el informe estonio como el Munich Security Report 2026 coinciden en que la cooperación entre Rusia y China se profundiza. Ambos países presentan un frente unido en la promoción de un modelo alternativo de gobernanza internacional, con el objetivo de marginar a Occidente.
La propaganda rusa enmarca la guerra en Ucrania como una “lucha civilizacional” contra Occidente, liderada por Washington. Este discurso refuerza la idea de que EE.UU. es el adversario central, mientras Europa aparece como un espacio de fractura que Moscú busca explotar. El mensaje de Estonia es claro: cualquier aparente acercamiento entre Moscú y Washington es una ilusión táctica. Rusia sigue viendo a Estados Unidos como su adversario número uno y actúa en consecuencia, combinando diplomacia, propaganda y cooperación con China para desafiar el orden internacional liderado por Occidente.
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