Por Sebastian Diez Arauz
La Doctrina Monroe, formulada en el siglo XIX, ha trascendido como uno de los pilares históricos de la política exterior de Estados Unidos hasta la actualidad. Sintetizada en la consigna “América para los americanos”, esta filosofía buscó originalmente limitar la intervención y colonización de potencias extranjeras en el hemisferio occidental. Sin embargo, surge una interrogante central: ¿de qué sirve impedir la injerencia de actores extrahemisféricos cuando, durante décadas, Estados Unidos ha utilizado esta misma doctrina como instrumento para intervenir, condicionar y proyectar su poder sobre el continente americano? Bajo el discurso de la protección de la soberanía y la autodeterminación, Washington consolidó una lógica de hegemonización que se profundizó tanto durante la Guerra Fría como en el escenario posterior.

En la actualidad, esta doctrina histórica ha sido resignificada bajo el liderazgo de Donald Trump mediante la filosofía de America First, reinterpretando el concepto de “América” no como un espacio compartido, sino como una extensión directa de los intereses estadounidenses. Así, Estados Unidos deja de verse como parte del continente para asumirse, implícitamente, como su centro rector.
El presente análisis examina cómo la Doctrina Monroe no solo se ha mantenido vigente a lo largo del tiempo, sino que se ha fortalecido y transformado en un marco discursivo que legitima una expansión estratégica orientada a beneficios materiales, políticos y geopolíticos en América Latina y el Caribe.
¿Qué es la Doctrina Monroe?
La Doctrina Monroe constituye un lineamiento de política exterior (con implicancias también en el ámbito interno) presentado ante el Congreso de Washington por el presidente James Monroe. Se sustentó en dos principios fundamentales: la no colonización europea en América y la no intervención de potencias del Viejo Continente en los asuntos hemisféricos, a cambio de la neutralidad estadounidense frente a los conflictos europeos. Bajo esta lógica, cualquier ataque contra América sería considerado un acto hostil contra Estados Unidos.
La doctrina surgió tras la independencia estadounidense de Gran Bretaña y como respuesta a las amenazas de restauración colonial impulsadas por España a través de la Santa Alianza. Aunque nació con un objetivo anticolonial, su desarrollo histórico derivó en la consolidación de la hegemonía estadounidense. En este sentido, puede afirmarse que marcó el inicio de una política exterior orientada a la expansión y al dominio del hemisferio occidental, con efectos tanto externos como domésticos.
Si bien en sus inicios fue percibida como un mecanismo de protección para los nuevos Estados americanos (especialmente aquellos en proceso de independencia), también generó desconfianza y rechazo debido a su aplicación unilateral por parte de Washington.
La ampliación de la doctrina: el Corolario Roosevelt
Bajo la influencia del Corolario Roosevelt (1904), Estados Unidos amplió la interpretación original de la Doctrina Monroe al atribuirse el derecho de intervenir en los asuntos internos de los países latinoamericanos que presentaran inestabilidad política o económica. Esta reinterpretación legitimó la intervención directa y fue ampliamente rechazada por los Estados de Hispanoamérica, al considerarse una vulneración a su soberanía.
¿Cómo se aplicó la Doctrina Monroe?
La Doctrina Monroe se aplicó de tres formas principales. En primer lugar, mediante advertencias diplomáticas a las potencias europeas para impedir cualquier intento de colonización en América. En segundo lugar, a través del reclamo del derecho de intervención estadounidense en países considerados inestables. Finalmente, mediante la justificación y ejecución de intervenciones militares y políticas, particularmente durante la Guerra Fría, con el objetivo de contener la expansión del comunismo en el hemisferio.

Casos representativos
En la práctica, la aplicación de la Doctrina Monroe se evidenció en diversos episodios históricos. Uno de los más tempranos fue la guerra entre México y Estados Unidos (1846–1848), en la que la expansión territorial estadounidense se justificó bajo el temor a la influencia británica, resultando en la pérdida de más de la mitad del territorio mexicano.
Otro caso relevante fue la intervención en Cuba y Puerto Rico en 1898. Si bien Estados Unidos participó inicialmente en la guerra de independencia cubana contra España, posteriormente estableció un protectorado en Cuba y anexó Puerto Rico.
Es así que, Corolario Roosevelt consolidó esta lógica intervencionista al legitimar la acción militar directa en América Latina para garantizar estabilidad y evitar la intervención europea.
Donald Trump y la política exterior en su primer mandato (2017–2021)
En el siglo XXI, Donald Trump emergió como presidente de Estados Unidos con un enfoque disruptivo en política exterior. Durante su primer mandato, su estrategia se caracterizó por una ruptura parcial con el multilateralismo tradicional y por la adopción de una lógica centrada en la defensa prioritaria de los intereses nacionales.
Bajo la consigna America First, Trump redefinió el rol de Estados Unidos en el sistema internacional, privilegiando una política exterior transaccional, unilateral y pragmática. Su administración mostró desconfianza hacia los organismos internacionales y los acuerdos multilaterales, al considerarlos limitantes de la soberanía y perjudiciales para los intereses económicos estadounidenses.
El uso de aranceles, sanciones y renegociaciones comerciales se convirtió en un instrumento central de presión. En materia de seguridad, aunque evitó escaladas militares directas, fortaleció el gasto en defensa y mantuvo una postura firme frente a actores considerados adversarios estratégicos, como Irán, China y Venezuela.
En América Latina, Trump retomó una visión hemisférica influenciada por la Doctrina Monroe, priorizando la seguridad, el control migratorio y la contención de gobiernos considerados hostiles. Cuba, Venezuela y Nicaragua fueron catalogados como amenazas regionales, reforzándose las sanciones económicas y la presión diplomática.
America First como eje doctrinal
Más que un eslogan, America First se consolidó como una visión estratégica que subordinó toda acción internacional al interés nacional estadounidense. Bajo esta lógica, las alianzas y tratados fueron evaluados en función de costos y beneficios, siendo renegociados o descartados si no favorecían directamente a Washington.
El segundo mandato de Trump y la radicalización estratégica
Tras su victoria electoral en 2025, Trump mantuvo el enfoque de America First, ahora reforzado por una lectura más explícita de la Doctrina Monroe. Su política exterior se orientó hacia el aislacionismo relativo, la redefinición de alianzas tradicionales y la priorización absoluta del interés nacional.
En este segundo mandato, la intervención y el expansionismo estratégico se convirtieron en ejes centrales, marcando un giro más agresivo en la proyección de poder estadounidense.

¿Intervención o invasión? El caso Venezuela–Estados Unidos
El caso Venezuela–EE. UU. constituye un ejemplo paradigmático de esta nueva etapa. Desde una perspectiva realista, la acción estadounidense responde al interés nacional de Washington.
Venezuela atravesó durante la última década una profunda crisis política, económica y social bajo el gobierno de Nicolás Maduro, acusado de violaciones a los derechos humanos, narcotráfico y fraude electoral. Durante el primer mandato de Trump, las tensiones se tradujeron en sanciones y advertencias. Sin embargo, en su segundo mandato, Estados Unidos dio un giro drástico: las acusaciones se intensificaron y la presión escaló hacia acciones militares.
A finales de 2025, buques estadounidenses se posicionaron en aguas internacionales del Caribe, seguidos de ataques a embarcaciones acusadas de terrorismo y narcotráfico. Para enero de 2026, Estados Unidos reforzó su presencia naval y aérea, culminando el 4 de enero con una incursión en territorio venezolano para capturar al presidente electo.
Trump anunció el éxito de la operación a través de redes sociales, generando conmoción internacional por la violación del orden jurídico internacional. La acción fue justificada bajo los discursos de democracia y justicia internacional.
Reacción internacional y debate normativo
Las declaraciones de Trump, especialmente la afirmación de que “Estados Unidos controlará Venezuela temporalmente hasta una transición segura”, desataron un intenso debate. La Unión Europea adoptó una postura ambigua: celebró la captura de Maduro, pero condenó la violación del derecho internacional. Los aliados de Venezuela repudiaron la acción en defensa de la soberanía estatal.
Analistas se dividieron entre enfoques humanitarios, que priorizaron la liberación del pueblo venezolano, y perspectivas jurídicas, que condenaron el uso de la fuerza, incluso bajo el marco de la Responsabilidad de Proteger (R2P) lo cual no fue efectuado o aprobado por el Consejo de Seguridad de la ONU.

De Monroe a Donroe
En este contexto emerge la llamada Doctrina Donroe, una reinterpretación contemporánea de la Doctrina Monroe bajo el liderazgo de Trump. Esta doctrina se caracteriza por una reactivación pragmática, unilateral y coercitiva de la hegemonía estadounidense en el hemisferio occidental.
Sus objetivos incluyen contener la influencia de potencias rivales como China, Rusia e Irán; adoptar una postura activa y ofensiva; y utilizar la retórica de seguridad, democracia y crimen transnacional como justificación para la expansión estratégica en América Latina y el Caribe.
Groenlandia y Cuba en la agenda
Tras la intervención en Venezuela, Trump anunció la necesidad de actuar sobre Groenlandia y Cuba por razones de seguridad nacional. En el caso de Groenlandia, Estados Unidos justificó su interés por la presencia de Rusia y China en el Ártico, lo que generó rechazo de Dinamarca, Groenlandia y la Unión Europea.
En cuanto a Cuba, Washington intensificó sanciones energéticas mediante tarifas a países que suministran petróleo a la isla. El gobierno cubano denunció estas medidas como un bloqueo energético agravado y llamó al diálogo y al respeto de la soberanía.
Estos dos Estados son la prueba de la agenda para 2026 de la doctrina Donroe, intervenir para beneficios en el marco de America First; principalmente beneficios e intereses geopolíticos.
Perspectivas para 2026
De cara a 2026, la agenda estadounidense bajo la Doctrina Donroe y America First apunta a una expansión estratégica basada en la coerción, la influencia y la reivindicación del derecho a intervenir en Estados considerados inestables. Si bien esta estrategia refuerza el posicionamiento geopolítico de Estados Unidos, también sienta precedentes que podrían erosionar el orden internacional y habilitar dinámicas de poder con costos elevados a largo plazo.
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