A través de la publicación de su Estrategia de Seguridad Nacional, Donald Trump dejó en claro que su objetivo es que “tras años de abandono, Estados Unidos reafirmará y hará cumplir la Doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental y para proteger nuestra patria y nuestro acceso a geografías clave en toda la región”. Y dicha estrategia se está observando de lleno en el marco de la disputa entre EE.UU. y China por el puerto de Chancay en Perú.

Trump acelera
El interés de Washington por la región se confirmó cuando, a principios de año, Estados Unidos capturó a Nicolás Maduro en Venezuela. Desde ese momento, EE.UU. controla la producción de petróleo en el país latinoamericano.
Pero Venezuela no es el único país de la región en el que Trump se interesa a la hora de negarles “a los competidores fuera del hemisferio la capacidad de posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o de poseer o controlar activos estratégicamente vitales en nuestro hemisferio”.
En esta línea, otra de las grandes preocupaciones de Washington es el puerto de capitales chinos ubicado en Chancay, Perú. Hace algunas semanas, un juez peruano excluyó al puerto de ser regulado y fiscalizado por el Organismo Supervisor de la Inversión en Infraestructura de Transporte de Uso Público (Ositrán).
Y, como era de esperar, la noticia no cayó para nada bien en la Casa Blanca: la Oficina de Asuntos del hemisferio occidental, dependiente del Departamento de Estado, mostró su preocupación “por los últimos reportes de que Perú podría quedarse sin el poder para supervisar Chancay, uno de sus puertos más grandes, que está bajo la jurisdicción de propietarios depredadores chinos. Apoyamos el derecho soberano de Perú a supervisar la infraestructura crítica en su propio territorio. Que esto sirva de advertencia para la región y el mundo: el dinero chino barato cuesta soberanía”.

¿Por qué Trump se preocupa por el puerto?
Inaugurado en 2024 por el propio presidente de China, Xi Jinping, el puerto posee una capacidad de un millón de contenedores al año. Se ubica a 80 kilómetros al norte de Lima y pertenece, en un 60 %, a la empresa estatal china Cosco Shipping y, en un 40 %, a la minera peruana Volcan Compañía Minera.
El puerto es fundamental para agilizar los vínculos comerciales de China con América Latina: durante su primer año en funcionamiento, el puerto impulsó entre el 5% y el 10% del crecimiento total de exportaciones de Perú.
Pero la inversión china va más allá de este país: Pekín está en conversaciones con Brasil para construir un ferrocarril que conecte el mega puerto con las regiones brasileñas (actualmente, China ya es el principal socio comercial tanto de Brasil como de Perú).
Según lo estipulado, el corredor ferroviario recorrerá los estados de Bahía, Goiás, Mato Grosso, Rondônia y Acre, antes de cruzar la cordillera andina y alcanzar el litoral peruano, reduciendo la distancia comercial marítima entre Brasil y China en al menos 10.000 kilómetros
Por ello, teniendo en cuenta la trascendencia del puerto, desde el Gigante Asiático acusan a Estados Unidos de una “fabricación y difamación flagrantes” en relación con el proyecto desarrollado por Cosco.
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