La expansión de Rusia en el Ártico, facilitada por sus amplias fronteras en esta región, se profundizan con operaciones híbridas que ponen en peligro cables submarinos de transmisión de datos en los que confía buena parte de Occidente. Pero detrás de estos movimientos hay fines económicos, políticos y también militares.

El territorio ártico de Rusia es una inmensa frontera que se extiende por más de 24.150 kilómetros de costa. Como señalan desde el Consejo Ártico, organismo internacional del que la Federación Rusa se encuentra excluida desde su invasión de Ucrania, el país posee más del 53% de las costas de esta región inhóspita y clave. Aproximadamente dos millones y medio de rusos viven en el territorio, lo que constituye casi la mitad de la población que vive en el Ártico -el cual se extiende sobre Europa y Norteamérica– en todo el mundo.
Rusia profundiza el frente de batalla en el Ártico con operaciones híbridas y fines económicos, políticos y militares
Es por esto que las ambiciones de Moscú en la región, donde los deshielos promovidos por el cambio climático han abierto nuevas rutas de navegación y vuelto accesibles nuevas reservas de recursos naturales, constituyen una parte fundamental de su política. Para 2040, según Nature, se estima que el Ártico estará despejado para la navegación dos meses al año, conectando rutas comerciales a través del Alto Norte. La Ruta del Noreste, que sigue la costa siberiana, ya es popular, mejorando la logística y facilitando el acceso a recursos.
Además, la explotación de los depósitos de petróleo y gas natural en el Ártico ya alimentan la economía de Rusia, necesitada de divisas por la guerra en Ucrania y el continuo fortalecimiento de su aparato militar. Un informe del Servicio Geológico de los Estados Unidos de 2008 estimó grandes cantidades de gas natural y petróleo: “1,670 billones de pies cúbicos de gas natural, 44 mil millones de barriles de líquidos de gas natural y 90 millones de barriles de petróleo”.

Las Fuerzas Armadas de Rusia también se benefician de otra manera del Ártico: las poblaciones que viven en estas tierras remotas. El medio independiente ruso The New Tab reportó el año pasado que, a pesar de limitaciones legales, los habitantes de esta región han ido a pelear a Ucrania en mayor cantidad que el ruso promedio.
La presencia rusa en la región se entiende por estos factores y se expresa también en operaciones híbridas que ponen en peligro la seguridad de los países occidentales. Como contó ESCENARIO MUNDIAL, debido a que bajo las heladas aguas del Ártico corren algunos de los cables submarinos que conectan Internet y transportan datos a buena parte de Europa, naciones como el Reino Unido han ampliado su presencia en territorios como el norte de Noruega, con el fin de contener la expansión de flotas rusas que amenacen esta infraestructura crítica.
El último incidente en la zona tuvo lugar en la víspera de año nuevo, cuando la policía de Finlandia detuvo un navío proveniente de Rusia, que estaba bajo sospecha de dañar un cable de telecomunicaciones submarinos que conectaba Helsinki con Estonia. El 12 de enero, el país nórdico liberó la embarcación y a todos sus tripulantes salvo uno, pero no catalogó el episodio oficialmente como sabotaje ruso.

Este tipo de incidentes ambiguos ocurridos en áreas donde Rusia busca ampliar su influencia coinciden con los manuales de guerra híbrida de Moscú, que buscan sembrar la confusión y realizar sabotajes contra sus rivales sin demostrar una responsabilidad que la pondría en una situación donde se encuentra en debilidad militar.
Sin embargo, la amenaza rusa en el Ártico ya ha sido evaluada por la OTAN a través de ejercicios como Cold Response, que se realiza cada dos años para evaluar la performance de tropas de la alianza en Noruega, así como por Washington, y más precisamente por Donald Trump, quien señaló la expansión de Rusia en el Alto Norte como una amenaza existencial para Estados Unidos.
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