- El jefe del servicio de inteligencia exterior de Estonia alertó que Moscú planea expandir significativamente sus fuerzas desplegadas en su frontera occidental en los próximos años.
- Rusia no tendría capacidad inmediata para abrir un nuevo frente, pero trabaja en la creación de nuevas unidades y en la reconstrucción de su masa militar.
- El Kremlin buscaría ganar tiempo en las negociaciones mientras refuerza producción de munición, drones y estructuras permanentes.

Rusia podría multiplicar por dos o incluso por tres el número de tropas desplegadas en su frontera occidental en los próximos años, según advirtió el director del Servicio de Inteligencia Exterior de Estonia, Kaupo Rosin. Aunque Moscú no estaría en condiciones de lanzar un ataque inmediato contra países europeos este año o el próximo, el plan estratégico sería ampliar su presencia militar una vez que la guerra en Ucrania entre en una fase menos intensiva o alcance algún tipo de arreglo.
La advertencia parte de la evaluación anual de inteligencia estonia y se apoya en información obtenida de discusiones internas rusas. Según Rosin, el Kremlin ya contempla la creación de nuevas unidades y una reorganización estructural de fuerzas en áreas cercanas al flanco oriental europeo, con el objetivo de consolidar una capacidad militar reforzada en el mediano plazo.
El diagnóstico combina dos variables. Por un lado, Rusia todavía debe sostener un volumen considerable de tropas en Ucrania y dentro de su propio territorio para evitar retrocesos en el frente. Por otro, planifica el escenario posterior al conflicto, con una reconstrucción de su aparato militar que le permita proyectar presión estratégica más allá de Ucrania.
Producción de munición y adaptación a la guerra de desgaste
El informe estonio subraya que Moscú incrementó de forma exponencial su producción de munición de gran calibre desde 2021, alcanzando en 2025 un volumen estimado cercano a siete millones de proyectiles, cohetes y rondas de mortero. Parte de esa producción se destina al frente ucraniano, pero otra porción estaría orientada a reconstruir reservas estratégicas.

A ello se suma la expansión de capacidades en sistemas no tripulados. La experiencia en Ucrania consolidó el uso masivo de drones de reconocimiento y ataque, y la inteligencia europea anticipa que futuras estructuras militares rusas incorporarán estos sistemas como eje central de su doctrina. La combinación de masa, munición abundante y tecnología no tripulada apunta a sostener campañas prolongadas y de alta intensidad.
Ganar tiempo en la mesa diplomática
Según Rosin, el Kremlin considera a Estados Unidos su principal adversario estratégico y utilizaría las negociaciones como herramienta para ganar tiempo. La evaluación sostiene que no existiría una intención genuina de cooperación estructural, sino un cálculo orientado a reducir presión internacional mientras se consolida el rearme interno.
El jefe de inteligencia estonio también planteó que el liderazgo ruso cree que aún puede imponerse militarmente en Ucrania y que el presidente Vladimir Putin estaría recibiendo informes internos excesivamente optimistas sobre el desempeño en el frente. Esa dinámica, de confirmarse, podría alimentar decisiones estratégicas basadas en percepciones distorsionadas del equilibrio real de fuerzas.

En paralelo, Moscú observa con preocupación el proceso de rearme europeo y teme que en dos o tres años el continente alcance mayores niveles de preparación militar. Esa percepción refuerza el incentivo ruso de actuar antes de que se cierre la ventana de oportunidad relativa.
La advertencia estonia no habla de un ataque inminente, pero sí de una tendencia estructural. Si la guerra en Ucrania se estabiliza o congela, Rusia podría reasignar recursos y acelerar su despliegue en su frontera occidental. La evolución del conflicto, la velocidad del rearme europeo y la dinámica interna del poder en Moscú serán factores determinantes para saber si esa expansión queda como plan teórico o se convierte en una nueva fase de presión militar en el continente.
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