La crisis actual en Darfur, Sudán, ha dejado de ser “solo” violencia para convertirse en un estrangulamiento del acceso que transforma el hambre en una consecuencia directa del asedio. El Fasher como embudo humanitario permite entender por qué, cuando se corta el acceso, la emergencia se acelera y se vuelve letal.

¿Qué está pasando?
Sudán vive una guerra abierta desde abril de 2023 entre el Ejército sudanés (SAF) y las Rapid Support Forces (RSF). Esto tuvo un impacto directo en la vida civil generando colapso de servicios, ruptura de mercados y una crisis humanitaria masiva. En Darfur del Norte, el punto de quiebre reciente ha sido la evolución de El Fasher: un cambio de control reportado en octubre de 2025 vino acompañado de desplazamientos hacia otras localidades y hacia el corredor que conecta con la frontera de Chad.
El IPC Alert (febrero de 2026) reporta que al menos 127,000 personas fueron desplazadas desde El Fasher y aldeas cercanas hasta el 13 de enero de 2026. Además, advierte que la situación humanitaria en el corredor El Fasher–Tine puede deteriorarse aún más sin cese de hostilidades y respuesta a gran escala. Ese deterioro no es abstracto: en diciembre de 2025, encuestas nutricionales citadas por IPC señalan que los umbrales de malnutrición aguda superaron niveles asociados a “famine thresholds” en localidades como Um Baru y Kernoi.
¿Qué es Darfur y por qué El Fasher importa?
Darfur (oeste de Sudán) arrastra décadas de violencia y desplazamiento, pero la guerra nacional aceleró la crisis. El Fasher es la capital de Darfur del Norte y un nodo que conecta rutas, abastecimiento y asistencia hacia localidades y campamentos de desplazados que rodean la ciudad. A pocos kilómetros está Zamzam, uno de los mayores campamentos de desplazados del país. El IPC describe Zamzam como ubicado aproximadamente 12 km al sur de El Fasher y con una población estimada de al menos 500,000 personas, lo que vuelve a la zona extremadamente vulnerable cuando se corta el acceso.
En otras palabras: cuando El Fasher se “cierra”, no solo sufre la ciudad; también se asfixian campamentos y comunidades que dependen del flujo de alimentos, medicinas, combustible y ayuda humanitaria que, en la práctica, transitan por muy pocas rutas. Ese es el punto central de El Fasher como embudo humanitario: el acceso se vuelve el factor que decide entre sobrevivir o colapsar.

¿Qué está pasando en El Fasher?
El cuadro que describen las agencias es el de un territorio cercado: zonas bajo conflicto que quedan “largely cut off” de suministros comerciales y asistencia. En noviembre de 2025, una comunicación conjunta de FAO/WFP/UNICEF señaló que en lugares “bajo asedio” como El Fasher, la hambruna se ha instalado. Además, señaló que en donde no hay acceso sostenido, los mercados colapsan y los precios de bienes básicos se disparan. Por ello, el comunicado pide acceso seguro, sin impedimentos y sostenido para evitar más muertes.
Entonces, ¿qué significa “El Fasher como embudo humanitario”?
El punto de quiebre es que, tras el cambio de control de El Fasher el 26 de octubre de 2025, la población que ya estaba en condiciones catastróficas se dispersó hacia zonas más amplias y más difíciles de alcanzar. Así mismo, los sistemas de monitoreo y la respuesta humanitaria quedaron rezagados frente a nuevas olas de desplazamiento. En ese escenario, El Fasher funciona como “embudo” porque concentra (y al mismo tiempo bloquea) el tránsito de personas, alimentos, medicinas, equipos médicos y suministros comerciales hacia y desde Darfur del Norte. Así, cuando la ciudad y sus accesos se vuelven inestables, el flujo se reduce a unos pocos pasos y corredores inseguros, y el resultado inmediato es desnutrición extrema (con umbrales de “famine” superados en localidades conectadas a ese eje) y riesgo alto de mortalidad.
Cómo funciona el embudo: rutas, checkpoints, saqueos/permiso/seguridad, menos ayuda, precios, desnutrición
El IPC describe que la expansión del conflicto alrededor de El Fasher empuja a civiles a moverse por el corredor El Fasher–Kutum–Um Baru–Kernoi–Tine (hacia la frontera con Chad), y advierte que la inestabilidad en este corredor vital —crítico tanto para asistencia humanitaria como para suministros comerciales desde Chad— puede “socavar severamente” las condiciones de alimentación, nutrición y salud.
En la práctica, el “embudo” se traduce de la siguiente primera. En primer lugar se cuenta con rutas inseguras y control territorial (retenes/checkpoints, restricciones de movimiento, violencia y saqueos). Como consecuencia los convoyes no entran o entran tarde. Por consiguiente, hay menos oferta en mercados y menos tratamiento sanitario-nutricional. Ello se traduce en alza de precios y caída del consumo y, por último, en más casos graves.
El propio IPC subraya que el acceso a servicios de salud y nutrición está “severamente restringido” y que, por ejemplo, en Kernoi solo 25% de los niños identificados con desnutrición aguda severa (SAM) fue inscrito en programas de tratamiento, lo que eleva el riesgo de muertes evitables.
Efecto dominó: desplazamiento a Tawila y colapso de lugares receptores
El “embudo” no termina en El Fasher: se desborda. El IPC señala que, desde fines de octubre de 2025, la mayoría de civiles habría huido o muerto y que menos de 100,000 podrían permanecer atrapados en la ciudad. Además, reporta que el total de desplazados originarios de El Fasher Locality subió a 1.22 millones hacia fines de 2025.
Ese éxodo empuja a población hambrienta hacia áreas receptoras que ya están al límite. En particular, el IPC advierte que el acceso irregular a El Fasher limita el apoyo a zonas cercanas como Tawila, que alberga más de 650,000 desplazados, donde la situación sanitaria y nutricional es “crítica y frágil” (brotes como cólera, aumento de admisiones por desnutrición y dificultades para controlar sarampión).
En otras palabras: cuando el embudo se estrecha, la gente huye, pero los lugares que reciben a los desplazados colapsan más rápido que la capacidad de respuesta.
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