El Departamento de Defensa de Estados Unidos ordenó aprontar 1500 efectivos para que estén listos en caso de que el presidente Trump invoque el Acta de Insurrección, que permitiría el uso de personal de las fuerzas armadas en un rol de seguridad interna, por las protestas contra el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en Minnesota. Sin embargo, el tipo de unidad movilizado -la 11° División Aerotransportada– abrió un debate entre analistas militares sobre si el verdadero objetivo no es proyectar un contingente hacia Groenlandia, sobre la que el mandatario republicano tiene pretensiones declaradas de soberanía.

Las suspicacias se elevan porque la 11° División Aerotransportada, denominada informalmente “ángeles árticos” y con base en Alaska, no parece el instrumento más lógico para avanzar sobre un entorno urbano, aun cuando las temperaturas en Minnesota durante el invierno puedan alcanzar las dos cifras bajo cero. En cambio, sus conocimientos los convierten en la vanguardia de las fuerzas armadas estadounidenses en climas como el de Groenlandia. Al momento de la activación de la unidad, en 2022, el por entonces jefe del Estado Mayor del Ejército, General McConnville, trazó sus lineamientos: “Espero que cada soldado de esta división sea maestro en su oficio de la guerra ártica”.
La orden llega en un momento donde confluyen dos frentes de conflicto, uno interno y el otro externo: las protestas populares contra el despliegue del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en Minneapolis -donde el 7 de enero una ciudadana estadounidense, Renee Nicole Good, murió de un disparo en la cabeza mientras buscaba esquivar con su auto a personal de la agencia en un control vehicular- y un aumento de la presión de Donald Trump por hacerse de la soberanía de Groenlandia, parte del territorio de Dinamarca, que el presidente señala como “imperativa” por cuestiones de “seguridad nacional”.

Por eso, algunos oficiales declararon por lo bajo sus especulaciones de que el pretexto interno sea utilizado para movilizar inadvertidamente tropas que puedan utilizarse en un frente externo. “Es un martilló Ártico siendo preparado para un clavo urbano”, dijo un oficial de logística retirado al medio militar estadounidense Defense News: “Esta disonancia es la que está subiendo las suspicacias”. Aunque un acto de guerra de estas características necesitaría la aprobación del Congreso estadounidense, la negativa de Trump a descartar el uso de la fuerza militar para adquirir Groenlandia hace que cualquier movimiento sea leído con atención tanto dentro como fuera de la potencia norteamericana.
Trump se reúne con líderes europeos para discutir la soberanía de Groenlandia
El aprontamiento de tropas capacitadas para invadir Groenlandia se produce mientras Trump confirmó que tendrá una reunión en la localidad suiza de Davos -donde asiste al Foro Económico Mundial– con líderes europeos para discutir la soberanía de la isla más grande del mundo.
El presidente sostuvo que el encuentro partió de una conversación con Mark Rutte, el secretario general de la OTAN: “Acordé una reunión de los distintos actores en Davos, Suiza. Como expresé a todos, muy llanamente, Groenlandia es imperativa para la seguridad nacional y global”. El mandatario redobló así sus reclamos, al afirmar que “no puede haber una marcha atrás” en la pretensión de soberanía, ya que “los Estados Unidos de América son el país más poderoso en el globo, por lejos”.
Sin embargo, el pedido de incorporación de Groenlandia no tiene el respaldo de Dinamarca, su actual detentor, de la mayoría de la sociedad groenlandesa, que prefiera la independencia, o de las potencias europeas, que ven amenazada su integridad territorial en una cesión que podría sentar un peligroso precedente en otros focos de conflicto como Ucrania. Mientras tanto, el despliegue de fuerzas armadas cerca de Groenlandia podría ser una manera en la que Trump aumenta la presión sobre países que han sido considerados aliados de Estados Unidos desde por lo menos el fin de la Segunda Guerra Mundial.
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