La Unión Europea (UE) y el Mercosur están en una fase clave de sus negociaciones tras la aprobación del acuerdo comercial por parte de una mayoría cualificada de Estados miembros, a pesar del rechazo formal de Francia y otros socios europeos, como Polonia, Austria, Irlanda y Hungría. El acuerdo, destinado a crear una de las mayores zonas de libre comercio del mundo, logró finalmente el respaldo diplomático necesario de los embajadores de la UE, pero todavía le espera un desenlace incierto.

En este sentido, el presidente francés, Emmanuel Macron, fiel a la postura que viene llevando respecto a este tema, confirmó días atrás que su país votaría en contra del acuerdo, aduciendo preocupaciones por la protección de su sector agrícola, la soberanía alimentaria y el impacto económico limitado para Francia, incluso después de las concesiones de Bruselas en materia de salvaguardias. Estas salvaguardias adicionales, diseñadas para activarse en caso de aumentos de importaciones desde Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay, también recibieron el respaldo de los embajadores de la UE, buscando responder a las inquietudes de los agricultores europeos.
Pero a pesar del rechazo francés y de la fuerte oposición que llevaron adelante varios socios, la votación por mayoría cualificada se dio, permitiendo avanzar en el proceso. Bélgica se abstuvo, mientras que países como Italia finalmente votaron a favor tras obtener garantías adicionales. La aprobación de los embajadores europeos posibilita que la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, viaje a Paraguay para firmar el acuerdo, un paso simbólico hacia la ratificación formal.
No obstante, todavía falta hasta celebrar una victoria final, ya que la firma del tratado no pone fin al proceso. El acuerdo debe ser ratificado posteriormente por el Parlamento Europeo, y partes del texto que exceden la política comercial requerirán también la aprobación de los parlamentos nacionales de los Estados miembros. Este aspecto introduce nuevos posibles puntos de fricción, especialmente en países donde la oposición al tratado es fuerte y respaldada por la sociedad civil y grupos de agricultores.
La entrada en vigor del acuerdo entre la UE y Mercosur todavía tiene un desenlace incierto
En términos geopolíticos, la UE considera el pacto con el Mercosur como un triunfo estratégico en un contexto global de tensiones comerciales y proteccionismo creciente, especialmente frente a las políticas arancelarias impulsadas por Estados Unidos y la expansión económica de China. Sectores europeos como la automoción, la aviación, la maquinaria y algunos productos agroindustriales esperan beneficios de la reducción de aranceles.

Lo cierto es que, tras el rechazo formal de Francia, las negociaciones avanzaron con la movilización de una mayoría cualificada en favor del acuerdo, pero el proceso de ratificación sigue abierto y podría enfrentar nuevos obstáculos tanto en el Parlamento Europeo como en los parlamentos nacionales, lo que convierte la entrada en vigor del pacto en un desenlace todavía incierto.
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